19 de Septiembre de 2018

Opinión

No es Trump, es la economía

Ya despertó el nacionalismo, motor fundamental de la riqueza inglesa, alemana y japonesa; el ajuste será doloroso, pero el final exitoso...

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Una semana antes de la elección en Estados Unidos publiqué que los norteamericanos preferirían un gobierno autoritario si les garantiza empleo, mejora en impuestos y más seguridad; semanas antes publiqué también varios artículos donde mencionaba que el comercio internacional era injusto y que las clases medias estadunidenses afectadas por millones ya tenían el enemigo claro y la persona para combatirlo: Trump.

Era difícil llevarle la contraria a tantos periodistas y medios de comunicación que vaticinaban el triunfo de Hillary ayudados por la pobre personalidad de Trump y su inferioridad en temas ideológicos, pero cuyas verdades económicas en ningún momento de la campaña la demócrata contestó o confrontó.

A mis amigos les dije en corto por qué iba a ganar Trump:

1) La democracia sólo es posible en estados donde hay estabilidad económica o prosperidad; apenas se van éstos la sociedad tiende a encontrar personalidades fuertes por encima de los ideales de justicia, tolerancia y bienestar, para recuperarlas.

2) Los altos ideales sociales y valores humanos no sirven para ir a comprar al supermercado, tampoco para pagar impuestos; las personas se comportan y trabajan para obtener o ahorrar recursos no para ser más justas. Los ideales sociales son un lujo que florece en las naciones económicamente estables.

3) En las sociedades europeas, como la inglesa comprobó, las uniones de países sólo benefician a las naciones pobres y en las ricas nada más a sus ciudadanos más ricos. De ahí el resultado del brexit.

Ya la seguridad en mi pronóstico creció después de que en videos Trump fue exhibido con comentarios sexistas y su aceptación no bajó casi nada, pero de igual manera ya sabía que no iba a bajar, amparado por el más reciente caso de las elecciones en México. La corrupción siempre ha existido en México y el mundo, pero a la sociedad no le interesa si su economía familiar y los servicios de salud y educación son aceptables; apenas tocas esas esferas, las masas buscan quien se los regrese.

Ya despertó el nacionalismo, motor fundamental de la riqueza inglesa, alemana y japonesa; el ajuste será doloroso, pero el final exitoso. No es la corrupción la causa, nunca lo ha sido; son la deteriorada economía familiar y la poca atención a la distribución de la riqueza local por los gobiernos y el orden económico mundial próximo a cambiar.

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