24 de Septiembre de 2018

Opinión

No nos quieren, nos requieren

El viernes pasado se conmemoró solemnemente, en Los Pinos, el Día del Abogado.

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El viernes pasado se conmemoró solemnemente, en Los Pinos, el Día del Abogado, pero fue el sábado cuando los festejos en pulquerías y cantinas de arrabal, en casas y salones de clase media, así como en residencias y lugares de postín hicieron sonar armoniosamente los cristales de las copas.

Baco se halla atarantado, pero es fiel testigo de que la sociedad no nos quiere, simplemente nos requiere, nos necesita y, por ello, su sabiduría de festejarnos cada año, sin importar que ahora se cruzara el Mundial en el lloroso y humillado Brasil.

Como nada quedó por decir sobre la noble abogacía, daré paso a unos cuantos chascarrillos nacidos de la imaginación y envidia de nuestros malquerientes:

—Cuentan que un día los más doctos representantes de las profesiones conocidas trataban de dilucidar cuál de ellas era la más antigua en el Universo. De manera por demás facciosa, injusta, insensible, antidemocrática, prepotente y sobre todo ingrata, no se le permitió participar a la señora Puta en representación de su respetable gremio.

¡Sabían que arrasaría en la disputa! Pues bien, cada profesional fue dando sabios argumentos en favor de su cofradía y cuando parecía ganar el arquitecto alegando que ellos elaboraron los mismísimos planos y diseños que hicieron posible la creación del Universo, lo desplazó el abogado al formular socarronamente una sencilla pregunta: “¿Y antes del Universo qué había?”; todos en coro le contestaron: “El caos”, a lo cual aclaró: “Pues eso, señores, precisamente el caos es lo que nosotros hacemos”.

—A punto de dar inicio la diligencia judicial, el abogado de la parte actora, sin más ni más, dijo: “Señoría, solicito se asiente en el acta que el abogado de la contraparte es un sinvergüenza, ignorante, ladrón, fatuo y pagado de sí, corrupto y torpe, por lo que deben ser desechadas sus pretensiones”. El aludido, con el rostro enrojecido, replicó: “No, Señoría, no haga caso de injurias y calumnias vertidas por un mentecato amanerado, que traiciona a sus clientes y se vende al mejor postor, que falsifica los hechos y las pruebas, que vive alcoholizado y sustituye cínicamente su ignorancia con dádivas y cohechos”. El juez dio tres golpes con el mallete y ordenó: “Toda vez que los abogados de las partes se han identificado plenamente, comienza la audiencia”.

—Usted, lector, bien sabe que, con título y sin él, pululan licenciados de todo y para todo. Al toparnos con cualquier haragán y papanatas no nos equivocaremos al decirle “señor licenciado”. Pues uno de esos tantos dio lugar al siguiente epigrama: “Se disfrazó un licenciado/de burro en el carnaval/y quedó desconcertado/porque aunque iba disfrazado/todos le decían igual:/unos, adiós, licenciado/y otros, adiós animal”.

PD afectuosa para el 100% de mis lectores: Jacobo Zabludovsky. Me convertí en aprendiz de escribidor por culpa de Marín y para seguir el consejo de la vieja canción: “un cuervo con tanta pluma/no se puede mantener/y un escribano con una/mantiene moza y mujer”. 

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