23 de Septiembre de 2018

Opinión

No se olvida

Las calles de Tlatelolco quedaron bañadas en sangre de estudiantes desprotegidos que fueron rodeados y masacrados.

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Hoy jueves se cumplen 46 años de la llamada “matanza de Tlatelolco”, en la capital del país, donde soldados y diversas tropas de policías, armados hasta los dientes, arrasaron con centenares de estudiantes que salieron a las calles a pedir algo tan simple como natural de aquellos tiempos: libertad y democracia, aunque sea en pedacitos, pero era sólo eso.

A cambio de las peticiones de alumnos de la UNAM, del Politécnico y de otras escuelas, así como de instituciones académicas prestigiadas, el gobierno que encabezaba el presidente Gustavo Díaz Ordaz, popularmente conocido como “El Caballo”, ordenó a las dizque fuerzas del orden tirar a matar. Y así lo hicieron.

Esa tarde-noche, las calles de Tlatelolco quedaron bañadas en sangre de estudiantes desprotegidos que fueron rodeados y masacrados. Además de los muertos que se contaron por cientos –por supuesto, el gobierno sólo admitió que fueron “unos cuantos”-, se registraron desapariciones por decenas y encarcelamientos por miles.

La justificación de Díaz Ordaz fue que los estudiantes estaban muy pasados de socialismo, comunismo o de lo que significara izquierda, en aquellos tiempos, donde los movimientos sociales recreaban las imágenes de Ernesto “Che” Guevara y Fidel Castro, los íconos de la revolución cubana, para continuar las gestas libertarias.

Si bien es cierto que los vientos del socialismo soplaban bien gruesos en México y en toda Latinoamérica, incluso en algunas partes del territorio imperial gringo, los estudiantes y sus dirigentes –por ejemplo, el recién fallecido Raúl Alvarez Garín- no pretendían derrocar al gobierno de Díaz Ordaz para imponer, digamos, a “La Tigresa” Irma Serrano, de quien se dice era la amante en turno del mandatario de la nación, nada agradable, por cierto, de rostro, cuerpo y mente.

No, el objetivo de los escolares eran unas demandas más justas de igualdad, menos represión de los órganos policiales, trabajo y una economía más desahogada en las clases sociales marginadas y menos centralizada en pequeños grupos de poder, entre los que destacaban empresarios, políticos influyentes y religiosos sumisos a los grandes intereses que sólo el poder en turno proveía.

PRIMERA CAIDA.- En 1968 se registraban movimientos libertarios en varias partes del mundo. Uno de ellos en la antigua Checoslovaquia, pero los tanques soviéticos aplastaron brutalmente las peticiones de los checos de libertad y justicia. La Unión Soviética no quería ninguna revuelta y eso que se decía muy democrática.

SEGUNDA CAIDA.- Ya han transcurrido 46 años de aquella afrenta contra México: la del gobierno federal que arremetió contra su futuro inmediato. Díaz Ordaz y su secretario de Gobernación, Luis Echeverría Alvarez, optaron por condenar todo lo que oliera a comunismo; no obstante, mantenía fuertes relaciones con los rusos y los cubanos. Qué paradoja.

TERCERA CAIDA.- Hoy, después de tantos años de la masacre, algo es cierto: 2 de octubre no se olvida. Y ojalá así continúe muchos más años.

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