22 de Octubre de 2018

Opinión

No será un miércoles cualquiera

El próximo miércoles representa la oportunidad para que el PAN regrese a la mesa de negociación sobre la agenda de los cambios que el país requiere.

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El miércoles es un día importante para las reformas. Coordinadores de PRD y PRI anticipan llamar a un periodo de sesiones extraordinarias del Congreso después de las elecciones de julio. Aunque el diputado Beltrones y el senador Barbosa no coinciden en toda la agenda, el terreno común es la reforma educativa y legislación sobre la deuda de los estados.

Queda por ver el acuerdo en materia penal y financiera, así como la nueva institucionalidad contra la corrupción y lo que el PRD llama régimen de democracia participativa. El PAN también tendrá algo que proponer.

El senador Ernesto Cordero ha demandado atender con urgencia el tema de las deudas de los estados; el extraordinario será la oportunidad para que el Congreso defina una normatividad que concilie responsabilidad de los poderes locales, con la autonomía propia del pacto federal. El periodo extraordinario se justifica a partir del trabajo que ya ha concluido en comisiones, dictámenes que están prácticamente aprobados o porque hay un consenso previo que facilita el trabajo legislativo.

Que el extraordinario tenga lugar después de las elecciones próximas significa que al menos PRD y PRI han determinado que los resultados de los comicios no deben entorpecer los acuerdos, una respuesta a la línea beligerante que existe en el PAN. Con ello el Pacto cobra relieve y remite los temas electorales a su justa dimensión y tratamiento.

Para eso están los órganos electorales locales y si son insuficientes, está el IFE y especialmente el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. 

El miércoles no será un día cualquiera; es la definición de los partidos y sus legisladores de evitar que los desencuentros y las diferencias propias de las elecciones no se impongan sobre el diálogo para las reformas.

También representa la oportunidad para que el PAN regrese a la mesa de negociación sobre la agenda de los cambios que el país requiere. Su ausencia le resulta costosa al partido y al mismo acuerdo. No se trata de renunciar a la exigencia por elecciones justas y autoridades imparciales; sino evitar que todo se quede en ello. 

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