24 de Septiembre de 2018

Opinión

#NoeraPenal de máxima seguridad

Los mexicanos no actuamos como otras naciones cuando ocurre un hecho de trascendía negativa, muchos menos cuanto éste trasciende las fronteras digitales...

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Los mexicanos no actuamos como otras naciones cuando ocurre un hecho de trascendía negativa, muchos menos cuanto éste trasciende las fronteras digitales: la picardía propia de nuestra cultura la transforma, para hacerla más digerible, pues la realidad ya es demasiado dura.

La fuga de Joaquín Guzmán Loera, alias "El Chapo", evidenció algo más que la rampante corrupción del sistema penal, pone en entredicho la imagen del gobierno federal entre los ciudadanos, con un toque de humor que muchas veces termina en tonos muy oscuros. 

En esta ocasión, el dedo flamígero de las redes sociales apuntó unánimemente, y no sin razones, hacia las autoridades, que son objeto de todos los escarnios que un "meme" puede contener, del descrédito de los "hashtags" y la opinión negativa y cómica de los usuarios. Las redes sociales no necesitaron que autoridad alguna diera la cara en las primeras horas del incidente, ya tenían en la mira al culpable, al héroe y al villano de esta nuevo "mame" nacional. 

Internet llamó "culpable" a la corrupción, hizo del presidente el "villano" de la historia, y torpemente, a "El Chapo" lo elevó a estatus de héroe nacional, considerando la máxima premisa que circula por las redes sociales: si está en contra del gobierno, entonces es bueno. 

Dentro del mar de "tweets" que sigue levantando olas por este caso, la voz unánime de los usuarios "canta" en contra de la administración federal. Prácticamente, no hay red social en la que no se le acuse de corrupta e inepta por la fuga del capo, a tal grado, que ni los mismos "bots" y cibernautas pagados que tiene a su servicio, han logrado poner fuera de línea los "trend topics" de burla o de fascinación hacia la figura del narcotraficante, a quien personas con poco "software" en su cabeza, tratan como héroe, aduciendo que su lucha contra la autoridad, es la misma que los mexicanos "libramos día a día". Ciertamente, como se ha dicho antes, tener acceso a la web no hace a la gente más inteligente. 

Desafortunadamente, el escape de "El Chapo" logró que el gobierno federal pierda la batalla de las redes sociales. Si desde hace dos sexenios la lucha contra los cárteles no ha hecho más que restarle imagen a las autoridades, hoy la web no tiene cabida para el voto de confianza al presidente y al gabinete de seguridad, en gran medida, gracias a su “indolencia” sobre la imagen que los “cibernautas” tienen sobre el asunto. 

Cualquier "twittero" o usuario de Facebook aduce que la corrupción fue la causa del incidente, situación harto común en la sociedad mexicana, pero en esta ocasión el escenario se agravó por el viaje del presidente a Francia, y su decisión de no regresar al país, hecho que podría haberle granjeado las simpatías del público, y con ello, levantar un par de “hashtags” a favor de su malograda imagen. 

La ignorancia y el deseo 

Conocida es la fascinación de la gente por “los malos” de la historia, dada su recursividad y posición contraria al “establishment”, y la historia criminal de Guzmán Loera no podría ser la excepción, aunque ciertamente, muy criticada. 

En las redes sociales, el capo como tal no tiene presencia “real”, sino que su imagen depende de las supuestas cuentas de sus hijos (que por obvias razones anti-apología del delito no compartiremos en este medio). Lo interesante en esta situación es la reacción de los “cibernautas”: a pesar de saber a quién representan, los siguen sin más, dejándose llevar por el “encanto” de tener entre sus “followers” a un criminal. 

Una de esas cuentas tiene 150 mil 700 seguidores, en otras, 120 mil y 31 mil. Si los usuarios de redes sociales -supuestamente informados y conscientes de lo que sucede en el país-, se dejan llevar por la imagen “cool” de los criminales, sean o no parientes de Guzmán Loera, es tristemente entendible que la sociedad “offline” vea a éste, sino como a un héroe, sí como una alternativa a la corrupción solapada por las autoridades.

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