25 de Septiembre de 2018

Opinión

Nuestro deber

Invertimos en atención a la salud 1,686 mdp, de los cuales más del 75 % del gasto es para tratar las complicaciones de enfermedades que son claramente prevenibles.

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La semana pasada se desarrolló en el Hospital Regional de Alta Especialidad de Yucatán el Congreso Nacional de Nutrición 2016, el tema principal fue el síndrome metabólico, el cual es un desorden caracterizado por un conjunto de enfermedades como diabetes, hipertensión, triglicéridos y colesterol elevados, entre otros. Ahí participó un número importante de profesionales como la MIE Wendy Bencomo, M en C Adriana Torres, M en C Claudia Ayala, LN Lucía Victoria, MND Edwin Enrique Martínez y un servidor, entre otros; discutimos temas importantes, uno de ellos fue lo que dejamos de hacer para tratar los altos índices que tenemos de sobrepeso y obesidad en el  país.

Valdría la pena comenzar por conocer por qué, a pesar de contar con información disponible sobre prevención, nuestros índices de exceso de peso no dejan de aumentar. Hay que partir de que el problema es multicausal: disponibilidad de alimentos chatarra y antagónicamente falta de disponibilidad de alimentos saludables; el poco tiempo disponible que tenemos para lograr una vida saludable, en respuesta al sistema capitalista en el que estamos inmersos: hoy trabajar más significa más recursos económicos, y es por eso que muchas personas trabajan ocho horas en la mañana y continúan con una doble jornada en la tarde-noche. En el mundo del siglo XXI que nos tocó vivir trabajamos más horas que en el feudalismo y somos menos felices. Y así podríamos enumerar muchas causas más: la falta de actividad física, el procesamiento de los alimentos, el etiquetado confuso de los mismos, etcétera. 

¿Y cómo nos afecta? En Yucatán, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Nutrición 2012, el 80.4% de la población tiene exceso de peso, eso explica nuestros primeros lugares en enfermedades cardiometabólicas. ¿Cuánto nos cuesta? Invertimos en atención a la salud 1,686 millones de pesos, de los cuales 1,298 millones de pesos se destinan a atención de enfermedades relacionadas con el exceso de peso, principalmente diabetes. Invertimos más del 75 % del gasto en atención para tratar las complicaciones de enfermedades que son claramente prevenibles.

¿Y qué dejamos de hacer por atender dichas enfermedades? Dejamos de pavimentar 21 avenidas con cemento hidráulico, dejamos de construir 8 hospitales como el de Tekax (aún inconcluso), dejamos de aumentar la matrícula de la Uady, cuando podríamos pasar de más de 24 mil alumnos actualmente a más de 35 mil alumnos al año. Y ahora que están de moda los escudos, dejamos de construir un Escudo Nutricional a través de la instauración de un Instituto Estatal de la Nutrición, el cual debería ser autónomo y que se encargue de la vigilancia nutricional, la educación en nutrición, el fomento a la investigación para toma de decisiones, la atención de alta calidad y asesoría a la población, centralización de todos los programas distribuidos en secretarías y que en algunas ocasiones son susceptibles de ser utilizados como intercambio político, entre otras funciones. Tal vez ese sería el primer paso para lograr que Yucatán deje de ser uno de los estados con mayores problemas cardiometabólicos, y comiencen a mejorar nuestra salud y calidad vida.

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