12 de Noviembre de 2018

Opinión

Nuestro hijo millennial

La moda hoy es satanizar. Lo “in” dentro y fuera de línea es encontrar en los “millennials” la causa de muchos de nuestros problemas sociales

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La moda hoy es satanizar. Lo “in” dentro y fuera de línea es encontrar en los “millennials” la causa de muchos de nuestros problemas sociales, achacándoles en parte la apatía propia de la gente sin oficio ni beneficio, más allá de la idea de los “ninis”. Pero la reflexión nos revela una idea distinta.

El mundo está cambiado, la realidad y el orden mundial de hace 20 o 30 años son hartísimo distintos hoy, y esto nos devuelve a épocas tan distantes como recientes en nuestra memoria: la rebeldía y la caída de los paradigmas. Las redes sociales son la música rock de los años 60 y los “youtubers” mueven tanto o más masas que The Beatles (aunque musicalmente no les lleguen ni a la suela del zapato). El fenómeno viral crea y destroza vidas, mitos y realidades a niveles impensables pero totalmente creíbles, al grado que fueron estas, indirectamente, las que llevaron al triunfo y al actual pánico mundial por Donald Trump, aunque no tenga ni una semana como presidente de Estados Unidos. 

Ese singular contexto nos plantea una realidad muy palpable: las nuevas generaciones tienen necesidades similares a las nuestras de cuando teníamos su edad. Muchos se asustan por el atrevimiento de los “millennials”, por la aparente apatía de los jóvenes y su abstracción a los teléfonos inteligentes, pero pocos, realmente muy pocos, nos hemos puesto a pensar en las razones por las que estos jóvenes extraños prefieren, por mencionar un tema, el activismo digital al real.

Reflexionando sobre esto, llegamos a una conclusión “aterradora”, pero tan real y verdadera, como que ha ocurrido toda la vida: las instituciones, métodos, ideas y procedimientos de hoy, son insuficientes. Señalamos con desprecio que los ciudadanos digitales no “respetan las instituciones” cuando la realidad es que no tienen razones para hacerlo, pues estos dinosaurios burocráticos hace mucho que dejaron de representar no sólo nuestros intereses, sino los de ellos. Y nosotros, los adultos, padres de hoy, hace muchísimo que lo sabemos. 

En los años 60, e incluso en los 80, a los jóvenes se nos tachó de antipatriotas y “hippies” por considerar que todo el sistema político y económico no era más que un apéndice del presidencialismo imperial mexicano; por la ética del trabajo no corporativista, las relaciones interpersonales ajenas al matrimonio, etcétera. Lo mismo pasa con la juventud que hoy navega en Facebook y Twitter buscando respuestas que no encontrará en la realidad, porque a esta la ve corrompida y caduca, ¿podemos satanizarlos por ello? Creemos que no, porque ese ciclo se ha repetido en cada cambio de paradigma nacional o mundial. 

La rebeldía y aparente desdén de los “millennials”, incluso los postulados de los “anti sistema”, tienen su lógica en la necesidad urgente de encontrar una nueva herramienta para construir el futuro. Si nosotros, con toda nuestra experiencia sabemos que al final de cuentas los políticos sólo responden a sus partidos e interés por seguir vivos en los próximos comicios, ¿qué no han de pensar los jóvenes de la era digital?  Con el acceso a la ingente cantidad de información que circula en las redes sociales, incluso sabrán más que nosotros sobre la situación del país y el mundo, datos que ahondan su desencanto por un sistema que no los olvidó: simplemente no los toma en cuenta. 

En 140 caracteres 

Las críticas mexicanas a @POTUS son realmente infantiles. Curioso: las dicen los mismos que juraron que @realDonaldTrump no ganaría. 

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