22 de Noviembre de 2018

Opinión

Nuestros opulentos políticos

Me topé por casualidad con una copia de una interesante serie danesa llamada “Borgen”.

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Me topé por casualidad con una copia de una interesante serie danesa llamada “Borgen”. El nombre es una abreviatura popular del Castillo de Christiansborg, sede del poder legislativo del reino de Dinamarca. 

Narra los avatares de una hábil política danesa en medio de su carrera por ascender al poder. Por supuesto que el exotismo del ambiente nórdico con su decoración estoica y colores neutros es un atractivo visual magnífico pero lo que más me impresionó (y me pareció exótico) fue otra cosa. 

Quedé impactado por la ecuanimidad y el profesionalismo de los políticos daneses, ni hablar de su austeridad. Es impresionante que en Dinamarca, a pesar de ser una nación con uno de los niveles de ingreso per cápita más altos del mundo y con una seguridad social que es la envidia de muchos, sus políticos ven su ocupación como un empleo más que no se diferencia mucho de la profesión docente o de un puesto administrativo de medio nivel.

Uno de los principales conflictos que se narran en la serie, es la crisis política que desemboca en la elección de la protagonista Brigitte Nyborg como Primera Ministra de Dinamarca, como consecuencia del  inocente acto de una compra compulsiva del anterior Premier de un capricho de su histérica esposa. 

La desesperación del hombre de sentirse acorralado por los gritos de su cónyuge en una tienda de Londres le impulsa a usar la tarjeta de crédito estatal para adquirir un lujoso bolso de 12 mil dólares. 

Me resultó muy interesante el nerviosismo del Primer Ministro de semejante potencia económica al explicar a su secretario privado que reembolsará de inmediato la compra a la tarjeta y emitierá un reporte de que se usó por error. No puedo dejar de comparar semejante inocencia con el despilfarro en equipos de seguridad y lujos de nuestros humildes ayuntamientos. 

El nivel de opulencia que manejan los políticos de nuestro país aunado a una falta de profesionalismo total es una verdadera pena. Una compra de un bolso de 12 mil dólares no es absolutamente nada para nuestros políticos, absolutamente todos, desde Morena hasta el Yunque del PAN. Si se menciona que un restaurante es frecuentado por políticos es sinónimo de alto nivel y precios exorbitantes. La política en México es una carrera que simboliza el más alto estatus económico.

No se engañen; la política danesa no la representan formada por personas humildes y manejables, sino por verdaderos lobos sedientos de poder. En mi opinión eso no tiene nada de malo, es precisamente lo mínimo que se espera de un político. Una posición de poder implica no sólo la capacidad de gobernar sino de concertar acuerdos beneficiosos y de saber negociar desde un pedestal de potencia ante adversarios. 

¿Cuánto necesitaríamos que nuestros políticos en estos tiempos no presuman tanto su posición como que la blandan como un pesado garrote ante las bravuconerías de Trump? No digo que se le enfrenten sin miedo en una guerra suicida, sino que sepan usar su propio peso político como palanca ante un adversario más pesado. Tenemos gobernantes excelentes para portar la corona pero no para blandir la espada.

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