18 de Septiembre de 2018

Opinión

Nuevetrusas, neocostumbrismo yucateco

Nuevetrusas bien podría definirse como una novela neocostumbrista con tintes de realismo cínico

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Nuevetrusas y otros cuentos para no cambiar el mundo, de Rígel Solís, es una noveleta compuesta por varios géneros de escritura que se antoja un tanto autobiográfica, pues versa sobre los avatares de Gilberto Salazar, alias “Nuevetrusas”, un individuo lacónico y patético que pulula por los cafés de Mérida leyendo y filosofando, siempre en busca de un ligue o de una aventura, aunque ésta sólo ocurra en su imaginación.

Solís es un escritor metaliterario, ¿o metalero?, ya que se vale de recursos como contar una historia dentro de una historia, pues a lo largo del libro el narrador intercala los cuentos de Kepsson Solovisnki, escritor ficticio que Nuevetrusas está leyendo por recomendación de Reyna, amiga y musa inalcanzable. Esto da excusa para que Rígel suelte su imaginación relatándonos historias disparatadas y, sin embargo, verosímiles. Considero que estos pasajes son los mejor logrados, con una  propuesta literaria alejada del manido costumbrismo yucateco que impregna la estructura fragmentaria de cada capítulo, en donde lo mismo comulgan un cuento, un chat de Facebook, un mensaje móvil, la letra de una canción o el género epistolar.

Nuevetrusas bien podría definirse como una novela neocostumbrista con tintes de realismo cínico. El autor describe una ciudad de Mérida que existe y cuyos lugares son fácilmente reconocibles. Podemos encontrar el neocostumbrismo en la forma en la que habla –a la vez que disecta- los modos sociales del yucateco en pleno siglo XXI, a caballo entre la albarrada y una urbanidad rampante, lo que da cuenta de un afán por hacer la crónica del Yucatán contemporáneo.

El realismo cínico puede constatarse en el tono de la historia, cuyos tópicos van de lo mundano a lo amoroso, de la alta cultura a lo popular, del lenguaje propio a lo soez, etc. Todo lo anterior sin soslayar críticas soterradas al entorno cultural donde emite juicios de valor: “El cuentito está dos tres, medio chafa, vaya, para relatos de vikingos los de Adrián Curiel Rivera” o “El libro sobre la mesa es de Roldán Peniche Barrera, lo cogió de su librero y se titula Memoria de los cafés de Mérida. El texto le resulta un poco aburrido pero interesante”, cuya intertextualidad es parte de ese juego metaliterario que se encuentra en toda la novela.

Llama mi atención que aunque el libro fue publicado en España, el lenguaje sea abundante en modismos yucatecos, palabras en maya y expresiones coloquiales propias del sureste mexicano, probablemente un tanto crípticas para el lector universal que tal vez no entienda lo que lee, y que por lo mismo, acabará interesado. La portada es una pintura del artista Rodolfo Baeza. 

Nuevetrusas, Rígel Solís. Ediciones Oblicuas, 2014, 106pp. Barcelona, España.

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