20 de Septiembre de 2018

Opinión

Nuevo horario: una mirada desde el norte

Hoy abundan las manifestaciones de los habitantes de la zona sur en torno al nuevo horario que rige desde el 1 de febrero...

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Hoy abundan las manifestaciones de los habitantes de la zona sur en torno al nuevo horario que rige desde el 1 de febrero, el cual por ley, por decreto, todos los quintanarroenses debemos acatar. En la región sobran testimonios en contra, con razones tan válidas como las favorables procedentes del norte; sin embargo, en algunos de aquí se constatan desinformación y dolo. 

Para comenzar, basta decir que la campaña del nuevo huso perduró muchos años y no fue aplicada sin aviso, como reclaman. Fueron más de 80 mil volantes distribuidos en todo el territorio, decenas de comerciales y cientos de publicaciones, con miles de firmas de ciudadanos respaldando la iniciativa, durante más de tres años. 

Ese trienio permaneció debatiéndose la propuesta en la Cámara de Diputados, donde fue manipulada por opositores, incluso del mismo partido en el poder. Finalmente, el 10 de diciembre pasado 258 diputados votaron por la modificación, y solamente uno en contra. O sea, una mayoría abrumadora.

Cabe recordar que la propuesta inicial era que sólo los seis municipios del norte cambiaran su horario para evitar la oposición en municipios como Felipe Carrillo Puerto, donde se resisten a cualquier cambio en la materia. No prosperó: las autoridades federales y estatales decidieron que se aplicara en los diez. 

Hay quienes critican que a poca distancia rige otra hora, como los vecinos inmediatos de Belice o Yucatán, pero que en otro país y el resto de México indique otra hora es un ataque débil. Por ejemplo, en Europa (con tantas fronteras cercanas y abiertas) o en Sudamérica (donde gran parte del año aclara a las 8 AM), no supeditan su progreso al reloj del vecino. 

En Quintana Roo la vocación turística es innegable, incluso en esta región, con un potencial magnífico para despuntar. Lo malo es que no ha habido la voluntad suficiente de los empresarios por apostar, ni la política pública para concretar los propósitos. Hay desde planos y rutas sin definir, hasta pueblos enteros esperando lo prometido. En otras palabras, ha predominado la postura burocrática y no la actitud emprendedora.

Para ser claro: los inversionistas y la mayoría de los habitantes del norte tienen derecho a proponer lo que mejor convenga para su prosperidad; una prosperidad, por cierto, que también ha permeado al resto de la entidad. Tampoco vale oponerse por una “competencia natural” entre el sur y el norte; entre los originarios y los de afuera, como esgrimen algunos. Cuando hay intereses compartidos y metas comunes, no es congruente.

No se puede pensar diferente cuando las divisas generadas en la zona norte cobran mayor importancia debido a que el precio del petróleo baja drásticamente, la volatilidad del dólar persiste y la competencia de otros destinos como Cuba (aunque incipiente por su paulatina apertura) meten miedo a los hombres de negocios, quienes dan empleo a una mayoría.

Hay detalles por afinar, como el ingreso en las escuelas. Es complicado para los padres con hijos en primaria y secundaria tener que mandarlos o dejarlos en diferentes horarios. Ha sido tal la incomodidad, que algunos directores –de planteles particulares, principalmente– aplican ya un horario a modo. Hay que corregir.

Así como ese ejemplo, hay otros en los que se requerirá más sentido común que otra cualidad en no pocas instancias de gobierno. Habrá que seguir ajustando hábitos y quehaceres para no frustrarse y lograr así más beneficios.

Por ahora, la idea es que no prevalezca la sinrazón, menos cuando el plazo para el debate se ha agotado; o peor aún, cuando los argumentos para descalificar esta realidad provienen de partidos políticos (PRD, PT y Morena), y de quienes aspiraron a ser precandidatos y fracasaron, como se ha comprobado en las redes sociales. No es justo. De serlo, serviría el mismo artilugio a los servidores públicos para desacreditar las opiniones adversas.

La conspiración a estas alturas no aporta al desarrollo.

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