18 de Septiembre de 2018

Opinión

¡Nunca más!

Videla urió sin arrepentirse sentado en el inodoro como una broma macabra que algo significará.

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El pasado 17 de mayo murió en prisión el dictador argentino Rafael Videla. Purgaba cadena perpetua después de un largo trayecto en el que trató de escamotear la justicia, desde la auto amnistía que se dieron los militares, hasta las famosas “leyes de impunidad” de Obediencia Debida y de Punto Final, que se promulgaron bajo amenazas golpistas y frenaron los procesos contra los militares.

En 1985 fue sentenciado tras el arribo de la democracia en Argentina con Raúl Alfonsín, quien había resistido a la dictadura desde sus inicios con la bandera de los derechos humanos, junto con personalidades como el escritor Ernesto Sábato y el futuro premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel.

Menem lo indultaría en 1990. En 2003, fueron derogadas las leyes que frenaban los juicios y Videla fue nuevamente juzgado. Ya lo había sido en 1998 por sustracción de menores y puesto bajo arresto domiciliario con la excusa de su avanzada edad, regresando a prisión en 2008 por la gravedad de sus crímenes.

En 2010 recibió condena de cadena perpetua por el fusilamiento de 29 presos políticos y en 2012 por el secuestro de niños recién nacidos. Conmueve el caso de 500 hijos de presos políticos, muchos nacidos en cautiverio, sustraídos y “reasignados” a otras familias, de los que se ha encontrado y restituido su identidad a 108.

Murió sin arrepentirse, arengando al golpismo contra el gobierno legalmente constituido, sentado en el inodoro como una broma macabra que algo significará, a pesar de que muchos llaman a no celebrar su muerte por respeto a las víctimas para quienes no se pide venganza sino justicia.

“La pedagogía del terror convirtió a los militares golpistas en señores de la vida y la muerte”, al decir del informe final de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, llamado ¡Nunca más! por la frase pronunciada por el fiscal Strassera en el juicio a los militares y a propuesta del rabino Marshal Meyer, en recuerdo del lema de los sobrevivientes del gueto de Varsovia.

Frase con la que se refieren los argentinos a esos negros sucesos que costarían 30 mil vidas: desapariciones forzadas y ejecuciones sumarias, sustracción de menores, torturas, persecución de minorías sexuales y étnicas, antisemitismo, quema de libros y la demagogia caricaturesca de las botas y los galardones marchando en un mundial de futbol y una guerra sangrienta contra Inglaterra.

Muchos crímenes siguen impunes, aunque no en el olvido. Pero la justicia marcha. Juan Gelman, poeta que emigró de la Argentina al mundo y a México, luchó por encontrar a dos hijos, a su nuera y a su nieta no nacida, desaparecidos bajo la dictadura. Encontró los restos de su hijo y a su nieta viva en Uruguay en el año 2000, después de una larga búsqueda. Así que sus palabras valen: ¿Dónde callás, memoria?, ¿dónde te acordás de vos misma acechando al verdugo para matarlo como él te mató? Como sus víctimas, Videla, antítesis del mundo y de la reconciliación, tampoco será olvidado.M

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