23 de Septiembre de 2018

Opinión

La OCDE y las pensiones (I)

El estudio de la OCDE afirma que el sistema de pensiones iniciado en 1997 (IMSS) y 2007 (Issste) es todo un éxito, sin precisar para quién.

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Me he dado a la tarea de analizar el estudio de la OCDE sobre los sistemas de pensiones en México, con el interés de conocer sus posibles implicaciones.

El estudio afirma que el sistema de pensiones iniciado en 1997 (IMSS) y 2007 (Issste) es todo un éxito, sin precisar para quién, pero, sin duda, el éxito ha sido para las finanzas públicas, pues el nuevo sistema de pensiones deja a cada trabajador la responsabilidad de su futura pensión.

La medida no es mala, pero las condiciones políticas, sociales y económicas del país sólo garantizan una pensión para las próximas dos o tres generaciones y de apenas un salario mínimo mensual.

El estudio enaltece el nivel de ahorro alcanzado en dieciocho años del sistema actual de pensiones: 14.1% del PIB, y rendimientos reales de 6.2%.

Habría que apuntar que el 50.31% del ahorro es deuda pública que paga rendimientos muy conservadores, y que el índice de capitalización es insuficiente para asegurar una vida decorosa, ya como pensionado.

Enfatiza el estudio la necesidad de mejorar -modificar- el proceso de transición de quienes empezaron a cotizar por Ley 1973, el nivel de aportación (raquítico por cierto), el sistema de protección social a la vejez y la fragmentación del sistema.

Reconoce también la falta de aportación de los trabajadores informales, que no contribuyen a los sistemas de pensiones ni de recaudación fiscal; sugieren reducir la informalidad.

Describe además la gran carga económica que representan las pensiones del sistema de reparto (Ley 1973 y 10o Transitorio) para la economía del país y, en este punto, las recomendaciones de la OCDE son una muy seria amenaza.

Soslaya el estudio que los beneficios pensionarios adquiridos no fueron los trabajadores quienes se los apropiaron, sino que fue el Congreso de la Unión quien convirtió en Ley el esquema de pensión para estos trabajadores.

Aduce el estudio que “esto llevará (lo referido en el párrafo anterior) evidentemente a un desencanto y desprestigio del nuevo sistema”, y aquí, observo, se abre una enorme posibilidad para instrumentar reformas que definan pensiones lesivas a los trabajadores en transición.

Establece el estudio que para no vernos tan “feítos”, la pensión de un trabajador en transición se compondría una parte con derechos del sistema de reparto IMSS-Issste y otra con derechos adquiridos en las nuevas Leyes de seguridad social.

“Esto permitiría allanar la convergencia entre el sistema antiguo (generoso y financieramente insostenible) y el nuevo sistema (equilibrado y financieramente sostenible)”, agrega el estudio.

En nuestros próximos comentarios semanales continuaré dándole pormenores de este tema que tanto ha alarmado a la sociedad mexicana.

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