19 de Julio de 2018

Opinión

Oleada de alemanes llegará a México

Yo, aquí en Alemania, visité la planta del A3 antier. Es impresionante: no hay un tornillo fuera de lugar

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Ingolstadt, Alemania. Las empresas globales están imprimiendo un flujo de personas nunca antes visto. Enorme. Si bien es cierto que muchos técnicos y ejecutivos han sido transferidos por décadas entre varios países, es hasta ahora que México entra con mayor fuerza a una dinámica de internacionalización que no tiene freno. Qué bueno.

Considérese esta aseveración de Rupert Stadler, el presidente y director general de Audi AG, en relación con la planta que está por construir en Puebla, donde fabricará el Q5 para el mercado internacional: “Nuestros trabajadores siguen muy de cerca este proyecto. Rápidamente más de 650 personas de Ingolstadt y Neckarsulm han solicitado involucrarse in situ en el proyecto de México”.

El próximo 4 de mayo se pondrá la primera piedra para la construcción de esta planta. Será “maravillosa”; la más moderna. Aún no está confirmada la participación del presidente Enrique Peña, pero cualquiera diría que no se debería perder ese momento, pues se trata de la primera fábrica de vehículos de lujo en el país. Al día siguiente celebrará el Aniversario de la Batalla de Puebla. Poco más de 70 kilómetros separan a Puebla de San José Chiapa.

Yo, aquí en Alemania, visité la planta del A3 antier. Es impresionante: no hay un tornillo fuera de lugar. Limpio cual si fuera fábrica de medicamentos. El piso de producción tiene más robots de los que se aprecian en cualquier película de Transformers, pero al mismo tiempo cuenta con equipos de trabajo de alto desempeño. Cada equipo, de seis personas, trabaja en una banda móvil y tiene unos segundos para completar un proceso bien determinado: colocar un par de puertas; ensamblar la consola; maridar el chasis que lleva el motor y las llantas con la carrocería; etcétera. Eso sí, la colocación del parabrisas es totalmente robotizada.

El flujo es continuo. Los equipos de trabajo nombran a un “vocero”, que explica a un responsable cualquier eventualidad. Para reportar una se aplasta un botón. Una pantalla con cuadritos verdes, amarillos o rojos reporta, en tiempo real y en cada pasillo, cómo va todo el ensamblado. Al final del proceso el último trabajador sube, ya con el auto armado, y lo enciende. Nacen los A3. 

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