11 de Diciembre de 2018

Opinión

Ordenamiento y movilidad

La palabra movilidad ha ido desplazando a la palabra transporte, pero no por razones específicas, sino porque son dos conceptos diferentes.

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Hoy día en las ciudades la palabra movilidad ha ido desplazando a la palabra transporte, pero no por razones específicas, sino porque son dos conceptos diferentes. Esta nueva realidad social, donde lo que importa es cómo me muevo y no cómo me mueve la ciudad, ha puesto en crisis las teorías de diseño en que se basaban los programas de desarrollo urbano y ordenamiento territorial. Una muestra de ello es el hecho de que la planificación ordenada de los factores de localización de las actividades económicas ha sido substituida por criterios de oportunidad, de competencia entre espacios, de especialización territorial y una mutación constante de los usos del suelo.

Estamos en una ciudad en la que se intercalan usos, donde se mezclan la vivienda, el comercio y los servicios; un territorio de actividades diversas, frecuentemente cambiantes o efímeras, con espacios especializados, que no es sólo que pretendan atraer usuarios, sino que su supervivencia reside en su capacidad de incrementar y mantener esa atracción. De ahí el creciente énfasis puesto en la construcción de nuevas infraestructuras, de todos los tipos y niveles, sin importar la vecindad y las distancias.

La paradoja reside en el hecho de que esta ampliación indiscriminada y sin límites de todo tipo de equipamientos se traduce en más dispersión de la ciudad, lo que está generando un modelo de movilidad insostenible, con elevados consumos de energía y el aumento de costos, tanto para la ciudad, como para los usuarios de sus espacios.

La alternativa a este crecimiento desordenado sólo se dará si somos capaces de entender que únicamente con la concentración urbana y con la densificación en la ocupación del suelo podremos alcanzar un nuevo modelo de movilidad que atienda a las necesidades de todos, que descanse sobre formas de desplazamiento menos costosas, menos contaminantes y más saludables, modelo que no es viable por el espejismo del actual crecimiento “progresista” que impide el reequilibrio en la ocupación del espacio y la vecindad con espacios rurales. Este modelo de crecimiento sin freno de la mancha urbana lleva a un escenario en el que será difícil predecir el tamaño y costo del entramado de interconexión e infraestructura.

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