23 de Octubre de 2018

Opinión

La organización social en el Valle de México

Los nobles usaban vestidos y joyas que estaban prohibidos para el resto de la sociedad, aunque tuviera la posibilidad económica de adquirirlos.

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Las ciudades en el Valle de México estaban organizadas en dos grupos sociales: los nobles  o pipiltin (pillis en singular) y la gente común o macehualtin.

Se era pipiltin o macehualtin por nacimiento y solamente en casos excepcionales de valor militar un macehual podía ingresar a la nobleza. Los pipiltin se desempeñaban en los cargos relacionados con el gobierno, la justicia, la organización de la guerra, el culto religioso y vivían de los productos que los macehuales les tributaban y que el tlatoani  distribuía periódicamente. También había quienes poseían una especie de feudo que podían vender o heredar, como el caso de los oficiales que se habían distinguido en acciones de guerra  y algunos nobles que los tlatoani deseaban premiar.

La legislación consolidaba las diferencias de clase y contribuía a fortalecer el prestigio y el poder de la nobleza.

Los nobles usaban vestidos y joyas que estaban prohibidos para el resto de la sociedad, aunque tuviera la posibilidad económica de adquirirlos. Un macehual no podía usar una joya de jade y en caso de que lo hiciera podía recibir la pena de muerte.

La vestimenta de los nobles era elaborada en algodón, sus casas eran más altas y mejor decoradas, dormían en cómodos colchones de plumas y almohadones, con sábanas de algodón y pieles de venado. Podían tener muchas esposas, a diferencia de los macehuales,  que tenían una vestimenta que estaba elaborada con fibras burdas, solamente podían tener una esposa y vivían más austeramente.

Esta organización social a base de dos clases estaba cargada de una serie de excepciones y anomalías. Los artesanos no estaban obligados a participar en obras públicas y solamente podían tributar en especie, se vinculaban con la nobleza y vivían cómodamente. 

Los mercaderes tampoco tributaban con trabajo, no estaban obligados a ir a la guerra pero parte de su actividad estaba relacionada con el espionaje. Los guerreros de las élites águila, jaguar y coyote, del batallón otomí, se entregaban con una valentía demencial al combate y frecuentemente morían en acción o en la piedra de los sacrificios de sus adversarios; en días de paz gozaban de mucho privilegio y reconocimiento social, bebían cacao, disfrutaban de la compañía de las cortesanas y los guerreros que llegaban a viejos instruían a los jóvenes en las escuelas.

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