19 de Octubre de 2018

Opinión

Orgullo de mi nepotismo

“Es el orgullo de mi nepotismo”, expresó el ex presidente José López Portillo, al referirse a su hijo José Ramón, recién incorporado como subsecretario de Estado

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“Es el orgullo de mi nepotismo”, expresó el ex presidente José López Portillo, al referirse a su hijo José Ramón, recién incorporado como subsecretario de Estado. Luego, tras esa polémica “legitimación” presidencial de uno de los males más emblemáticos del sistema político mexicano, el favoritismo para incorporar a familiares cercanos al presupuesto público se convirtió en un vergonzoso estilo de vida basado en la simulación, la mentira y el engaño. Pero, ese “orgullo” del que se vanagloriaba López Portillo, es ahora, para Carlos Joaquín González, un dolor de cabeza proveniente de la deslealtad de quienes cercanos a él se resisten a abandonar el ropaje del viejo PRI.

Una sociedad agraviada por el autoritarismo del anterior gobierno se ha expresado en distintos medios de comunicación para dolerse de lo que consideran una afrenta a la confianza de cambio democrático que expresaron en las urnas el pasado cinco de junio, pues como bien apunta el escritor y filósofo irlandés Edmund Burke “El nepotismo nos agrava más pesadamente que muchos millones de deuda”. 

Pero algunos de los integrantes del nuevo gabinete estatal no tuvieron reparo en acomodar de inmediato a esposas, hijos, hermanos o sobrinos en la nómina oficial, aprovechándose de la confianza que el gobernador Carlos Joaquín González les confirió, a espaldas desde luego de quien en los primeros días de ejercicio administrativo se encuentra más ocupado en el diseño de las estrategias y acciones que habrá de seguir el nuevo gobierno durante los próximos seis años que en cuidar las manos de quienes se entiende deben lealtad y compromiso al proyecto político que abandera.  

En ese tenor está el propio Oficial Mayor, Manuel Alamilla Ceballos, quien dio de alta a su esposa en la nómina, Tristana Hernández, sembrando un vergonzoso precedente institucional. El Jefe de la Oficina del Ejecutivo, Miguel Ramón Martín Azueta pronto hizo lo mismo con dos de sus hijos, acostumbrado a servirse con la cuchara grande. Y el ex candidato a diputado local por el VI Distrito, Roger Cáceres Pascasio, no se podía quedar atrás, una vez que fue nombrado subsecretario de la Sedasi, hizo efectivo uno de sus slogan de campaña: “Hay que empoderar a la mujer con más espacios de participación política”: y acomodó a su propia esposa Alejandra Aguirre, como Directora de la Casa Hogar del DIF estatal.  

Todos ellos decidieron privilegiar su interés personal, antes que el colectivo. Fue una bofetada para los quintanarroenses y una zancadilla para el avance democrático y la transición enarbolados por el nuevo mandatario. Poco entienden los pregoneros del lopez-portillismo que el nepotismo implica deslealtad a la democracia, afrenta a la sociedad y traición al gobernador Carlos Joaquín González. Las cabezas deben rodar.  

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