23 de Septiembre de 2018

Opinión

Los orígenes de la violencia

La violencia no tiene etiología en la selección natural, su carga genética es falacia, nada que ver con la ley del más fuerte...

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En solidaridad con Ana Gabriela Guevara

La violencia no tiene etiología en la selección natural, su carga genética es falacia, nada que ver con la ley del más fuerte. Ser pacífico o violento es cuestión cultural. Este paradigma repetido por estudiosos de las conductas humanas es el sustento para legislar los marcos jurídicos que contengan a los sujetos que rompen la sana convivencia a través de las distintas taxonomías de la violencia. 

No existe crimen más despreciable que el ejercicio del poder para avasallar de cualquier manera a un ser vulnerable. Lo cínico es justificarlo, lo he escuchado innumerables de veces: “La golpeo para que se eduque”; en el otro lado se encuentra la víctima, acosada por su entorno familiar, y una débil acción jurídica que puede acotarse con el perdón al victimario.

Hoy la violencia en sus diversas manifestaciones es consuetudinaria, se mira, se palpa, se huele, se siente y se difunde como normal en la actividad filial, social y política, y a veces hasta se justifica con argumentos como: la peor violencia es la pobreza provocada por el Estado.

Existen partidos políticos, organizaciones sociales y hasta culturales que llaman a realizar actos de vandálicos en contra de todo tipo de poder, como si la violencia fuera la piedra filosofal. Ya lo decía recientemente el general Cienfuegos, secretario de la Defensa Nacional: La violencia no se resuelve a balazos.

Existen virulentos que piensan todo lo contrario. Es cierto que todo ser humano debe ser rebelde, entendiendo a la rebeldía como motor de todos los cambios; también es verdad que de la inconformidad y la rebeldía existe una gran distancia con la violencia.

Recalco para que no existan dudas: la violencia es una conducta aprendida y trasmitida, a veces en forma inconsciente, en los entornos que rodean a un individuo en formación. Esta conducta nociva no respeta condiciones sociales, lo mismo se manifiesta en la clase pudiente que en los marginados.

Por ahí existe una intensa hemerografía de homicidios cometidos en contra de mujeres, en donde la culpabilidad o inocencia se dirimió en algunos medios impresos. Lo mismo ha sucedido sobre todo en la geografía sur olvidada de nuestra ciudad, donde las mujeres vejadas, y algunas asesinadas fueron la noticia de un día y de ahí el olvido.

Prevenir la violencia es una actividad multidisciplinar, imperante; por un lado, hay que sancionarla con severidad, pero al mismo tiempo hay que educar para la convivencia. Sólo de esa manera podrá confinarse a la violencia en la mente que la vio crecer. 

Broche de oro: ¡Feliz 2017!

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