17 de Diciembre de 2018

Opinión

Otra mujer asesinada

El asesinato de Ana Gabriela Canto Castillo, quien era trabajadora del área de archivo del Hospital...

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El asesinato de Ana Gabriela Canto Castillo, quien era trabajadora del área de archivo del Hospital General de Chetumal, aumenta la cifra de mujeres que han sido privadas de la vida en el sur de Quintana Roo, precisamente por tener conflictos con sus parejas.

Ajenos al cáncer predominante de la inseguridad, estos homicidios son evidencia de una descomposición social que se ha extendido por todo el país, carcomiendo moralmente a miles de familias.

El último caso más sonado ha sido la ejecución del ingeniero Octavio Augusto Góngora Jiménez y la maestra Arena del Carmen Palacios Valdez, quien tenía siete meses de embarazo. Las muertes del 18 de septiembre pasado –con armas de fuego y participación de sicarios– conmocionaron a la capital del estado, a tal grado que familiares y amigos de la pareja marcharon para exigir justicia, señalando como autor intelectual a Walter Villanueva Ramírez, quien había sido pareja de Arena del Carmen.

Sin salir del estado de shock por la ejecución de una mujer embarazada y su pareja Góngora Jiménez, ocurre el homicidio de la trabajadora del Hospital General de Chetumal, cuya ex pareja llegó a su domicilio del fraccionamiento San Ka’an II para cometer el asesinato.

El cadáver fue descubierto por el tío de Ana Gabriela, cuyas pertenencias estaban en desorden y con manchas de sangre. El asesino utilizó un arma punzocortante, ingresando furtivamente al domicilio de su ex pareja.

El homicida se refugió en Yucatán, pero fue ubicado y trasladado a Chetumal, donde enfrentará todo el rigor de la ley, a menos que algún Juez desestime las pruebas contundentes, algo nada raro en nuestro país.

A estos actos de barbarie se suma la inseguridad predominante en la zona sur, que ha ido entrando en una órbita delictiva con suficiente potencial para arrebatarnos la tranquilidad, precisamente en una zona del país que por décadas presumió esta condición excepcional a estas alturas.

El sur del estado cerrará el año con un índice delictivo muy preocupante que debe ocupar a las autoridades, reforzando la vigilancia policial en las calles y zonas más conflictivas, incluso en áreas que hasta hace algunos años eran un refugio confiable para las familias, como nuestro hermoso bulevar Bahía.

Evitar la escalada de violencia debe ser la tarea primordial para nuestras autoridades, comenzando por las corporaciones de Seguridad Pública tanto estatal como municipal, encargadas de frenar los coletazos de los delincuentes que roban en casas habitación y asaltan en plena vía pública, apoderándose de vehículos en plazas comerciales.

Lo peor es que los delincuentes maniobran con toda la libertad del mundo, aprovechando la insuficiente presencia de policías preventivos.

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