24 de Septiembre de 2018

Opinión

Los padres de los desaparecidos

En este país, los cuerpos de los desaparecidos siguen brotando de la tierra, tal y como brota la materia de una herida que no quiere sanar...

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El mundo ya no es mundo de la palabra. Nos la ahogaron adentro. Como te asfixiaron. Como te desgarraron a ti los pulmones/  Javier Sicilia

En abril del 2011, el escritor Javier Sicilia declamó su último poema, al cual corresponden los versos de nuestro epígrafe. El texto es dedicado a su hijo Juan Francisco, quien fue asesinado en Morelos junto con otros jóvenes inocentes. La de Sicilia es una historia similar a la de otros cientos de miles de padres mexicanos, quienes, entre muertos y desaparecidos, han perdido en manos del crimen organizado a casi 200 mil hijos en las dos últimas administraciones federales.

Para la mayoría de estas personas, la vida cambió el día en que sus hijos ya no regresaron a casa. Desde entonces dejaron todo para dedicarse a la búsqueda de sus seres queridos, de sus cuerpos o simplemente para exigirle justicia a un gobierno que con el paso de los años se ha vuelto cada vez más indolente.

Los padres de los desaparecidos han intervenido en lugares como el ejido Patrocinio, en Coahuila, o en las fosas de Tetelcingo, Morelos, en donde decenas de cuerpos fueron encontrados. Son ellos mismos quienes escarban la tierra y recogen los restos humanos, como si recogieran la esperanza de que sus hijos continúan con vida, o su resignación al por fin ofrecerles una santa sepultura.

En este país, los cuerpos de los desaparecidos siguen brotando de la tierra, tal y como brota la materia de una herida que no quiere sanar. Por fortuna aún nos quedan estas personas para seguir luchando. En mayo pasado, ante la negativa de las autoridades por utilizar maquinaria adecuada para excavar las fosas de Tetelcingo, una madre pidió que las dejaran a ellas mismas desenterrar los cuerpos: “Para eso tenemos nuestras manos. Lo haremos con el mayor cariño, el mayor cuidado, y con todo el corazón”, como si trataran de sanar las heridas de sus hijos.

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