19 de Septiembre de 2018

Opinión

El país de la simulación (1)

En México el gobierno se construye a base de simulaciones, en donde todos aparentan estar satisfechos con tal de obtener 'un hueso'...

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“Todos ustedes saben que nomás con que se presente el gobernador, con tal de que la gente lo mire, todo se queda arreglado. La cuestión está en que al menos venga a ver lo que sucede, y no que se esté allá metido en su casa, nomás dando órdenes. En viniendo él, todo se arregla, y la gente, aunque se le haya caído la casa encima, queda muy contenta con haberlo conocido”. Las anteriores líneas corresponden a “El día del derrumbe” del siempre releído Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno (sí, así se llamaba Juan Rulfo). 

En este cuento se narra la visita que realiza un político a una humilde población después del temblor. Lo interesante radica en que esta inspección, la cual en un principio tiene el objetivo de apoyar a las familias que  lo perdieron todo, termina por convertirse en una auténtica borrachera. En busca de apoyos los pobladores del lugar preparan un carísimo banquete con tal de tener contento al “gober” y a sus colaboradores, quienes aprovechan para servirse con la cuchara grande. 

La simulación es completa: la gente aparenta estar feliz con los discursos del funcionario mientras que el funcionario aparenta estar feliz de ayudar a los afectados. Al final los apoyos nunca llegan. Esta escena es tan común en la vida real... 

En México el gobierno se construye a base de simulaciones, en donde todos aparentan estar satisfechos con tal de obtener “un hueso”. La fuerza de los partidos políticos más poderosos está centrada en los millones de militantes que son recolectados con la promesa de que al final de la elección se llevarán algo del botín, aunque sea una moneda. Si no me cree la próxima vez que pueda asómese a algún mitin de cualquier alcalde, diputado o presidente municipal. Verá mucha gente contenta, gritando, como en una auténtica fiesta. En el fondo todo el espectáculo sólo es una celebración al caos mexicano, como diría Rulfo.

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