20 de Octubre de 2018

Opinión

Paisaje común

Los asesinatos de mujeres a manos de sus parejas van al alza, a esta terrible situación le sumamos el trauma que viven los hijos al quedar huérfanos y con el padre en la cárcel.

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Ya es común leer en la prensa un caso de feminicidio semanal. Mujeres apuñaladas por la mano vengadora de su pareja que no soportó la infidelidad y con la furia del alcohol acabó con la vida de la mujer, delante de los pequeños hijos. Así, de una en una, bajita la mano, los feminicidios se van haciendo nota del día en el panorama Yucateco.

Una contradicción si creemos que Yucatán es uno de los estados más tranquilos del país. Los asesinatos de mujeres a manos de sus parejas van al alza, a esta terrible situación le sumamos el trauma que viven los hijos al quedar huérfanos y con el padre en la cárcel. Culpar al alcohol o a “la pasión” por estos crímenes que se repiten una y otra vez es dejar pasar un trasfondo socio-cultural que refleja altos niveles de ignorancia, irresponsabilidad y abuso.

Antes he referido que mi mamá vive en una colonia donde los índices de violencia intrafamiliar son altísimos, he visto cómo ella acompaña a sus vecinas a poner denuncias por la manutención de los niños. Algunas no denuncian la violencia pues les da vergüenza.

Hace poco fui testigo del caso de una señora que sufre violencia: cinco hijos, embarazada y con la sospecha de que el marido abusa sexualmente de la hija mayor. Finalmente la señora pone su denuncia, sale de la casa con sus hijos y el tipo, presionándola para que regrese,  quema la ropa de los niños, los muebles, amenaza con quemar la casa entera si la señora no vuelve. Por fortuna, no regresó. Cuando se comentan esos casos juzgamos a las mujeres:

¡Eso le encanta, si no, no estuviera ahí! ¡No te puedes meter porque ella adora a su marido! ¡Después de que lo mete a la cárcel,  le da el perdón, son estúpidas, les encanta que les peguen! No creo que sea tan simple la razón por la que una mujer regresa a su casa aun cuando en ello ponga en riesgo su vida.

Hay en esta “tranquilidad” yucateca una violencia silenciosa y mortal que se extiende a sus anchas con una gula infinita. Mi sobrina tiene un compañero de clase que es violento, pero no le dicen nada: Es así porque su papá mató a su mamá y el niño fue testigo. ¿Cuántos niños con esta herencia de violencia serán los adultos de un futuro?

No pensemos en el futuro, pensemos en los niños, en esa huella indeleble que les marca cuando ven violentar a la fortaleza más importante del núcleo familiar: la madre. Nosotros hemos hecho ya propuestas al gobernador para denunciar la violencia y alertar a los  pequeños para no vivir con ella como si fuera un elemento más de la casa. Sin duda hay mucho que hacer, no tomarlo como una nota más, es parte de ello.

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