17 de Enero de 2018

Opinión

PAN o PRD

La izquierda tiene otra ruta, aunque también una elección presidencial le ha representado un cambio estructural.

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Por historia, el partido natural para un acuerdo con el PRI sería el PAN. Sin embargo, la situación ha cambiado radicalmente en el otrora partido gobernante y también en el PRD. Al albiazul lo debilitó no la derrota electoral sino el origen de la misma, que viene de tiempo atrás, cuando llegó a la Presidencia. Sucedió lo que el mismo Felipe Calderón anticipaba como amenaza cuando era dirigente partidista: ganar el poder y perder al partido.

Después del debate sobre la legalidad de los resultados en 2006, el PAN ganó nuevamente la Presidencia, de allí en delante sus victorias han sido aisladas como en Baja California y Sonora; las demás, discutibles, no tanto por el resultado sino por la distancia del candidato postulado con el proyecto partidista. El PAN puede estar orgulloso de haber derrotado al PRI en Sinaloa, Oaxaca y Puebla, pero sabe bien que quien gobierna esos estados poco o nada representa el proyecto de Acción Nacional.

La izquierda tiene otra ruta, aunque también una elección presidencial le ha representado un cambio estructural. El PRD se fundó después de la elección presidencial de 1988; el Frente Democrático Nacional dio lugar a un proyecto de centro izquierda que hizo bandera la democratización del poder y la lucha contra el fraude electoral. La alianza del presidente Salinas con el PAN, sin la presencia del PRD, realizó una transformación profunda de las instituciones electorales, mientras que la izquierda no pudo llevar la democracia ni a su propia casa.

En 1996 PRD y PAN, en acuerdo con el gobierno del presidente Zedillo lograron establecer un marco de equidad para las contiendas y la democratización del DF, entidad que la izquierda ha gobernado desde 1997. Para el PRD las elecciones de 2006 fueron una herida profunda; el sentimiento de despojo lo inhibió de toda forma de entendimiento con el gobierno y el PRI; las elecciones de 2012 significaron la anunciada salida del grupo más radical e intransigente dirigido por López Obrador. De allí en delante el PRD ha sido un hábil jugador en el acuerdo con el gobierno y el PAN; al PRD se le acredita la iniciativa del Pacto por México y buena parte de la agenda reformadora antimonopolios. La autenticidad y profundidad de las propuestas y acuerdos obligaron al PAN de Madero sumarse al acuerdo.

El que Peña Nieto como presidente electo haya respaldado las iniciativas preferentes del presidente Calderón contribuyó al apoyo posterior del PAN, paradójicamente, no el de los legisladores más afines del Presidente que concluía mandato. En política, el sentimiento de agravio mata a la obligada reciprocidad. Así lo debe sentir López Obrador de los dirigentes del PRD por los votos que aportó en la elección pasada, como el PRI y el gobierno de Felipe Calderón, a quien se le dificulta honrar su condición de ex jefe de Estado.

Ahora, a casi cinco meses de haber iniciado gestión, el Pacto del gobierno con el PAN y el PRD muestra resultados positivos, pero también fisuras evidentes. Se han dado varias reformas significativas como la de la Ley de Amparo, telecomunicaciones y educación. También hay un inédito ambiente de urbanidad política entre el gobierno y las oposiciones, a grado tal que la opinión pública internacional hace de México un modelo.

Las reformas pendientes tienen un mayor grado de dificultad para la construcción del consenso. No es lo mismo la lucha contra los monopolios privados que la modernización de la industria petrolera o un régimen fiscal que amplíe la base de contribuyentes y los ingresos públicos. Lo alcanzado hasta hoy lleva al optimismo, sin embargo, el espectro electoral impone fuerte presión a la dirigencia del PAN, los calderonistas buscan arrinconar a Gustavo Madero con exigencias que llevan como objetivo reventar al Pacto por México y, de paso, a su dirigente nacional.

Efectivamente, el agravio mata la reciprocidad y eso es lo que ocurre en el PAN. Tuvo que irse de Los Pinos Felipe Calderón para que el PAN tuviera por fin dirigente. La debacle electoral y problemas de la campaña de Josefina Vázquez Mota vinieron de Los Pinos y de la dificultad de Ernesto Cordero y afines para asimilar la derrota que significó la selección de candidato. Josefina no necesitaba el apoyo de Calderón, simplemente que no estorbara y esto no ocurrió.

Lo importante es que el país debe continuar con las reformas. Se entiende que la izquierda intransigente luche contra el acuerdo y abandere causas irracionales para muchos. No así lo que ocurre en el PAN y todavía más, con quienes hace poco tiempo trabajaban en elevadas responsabilidades gubernamentales. Por su parte el PRD se muestra cohesionado y decidido a avanzar. Sabe que en el incierto futuro es la fuerza política que tiene más por ganar.

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