25 de Septiembre de 2018

Opinión

Pan y circo

Los seleccionados nacionales han dado una de las peores exhibiciones de cómo jugar al fútbol frente a sus rivales históricos, los gringos.

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Realmente es una vergüenza, sin lugar a duda. El colmo de los colmos. En México, así como en cientos de países, se acostumbra dar atole con el dedo a las masas, el tradicional pan y circo romano. Casi siempre con el objetivo de calmar al populacho, sobre todo cuando éste se mantiene alterado por circunstancias diversas.

Pues, al parecer, un ligero lote de ciudadanos nacidos en México, algunos de ellos viviendo el “sueño europeo”, está arrebatándole la posibilidad a los nativos de este país, sumido en el caos magisterial y determinadas reformas presidenciales que sólo celebran los mismos políticos y no los civiles de a pie, bicicleta o automotores de medio peluche, de consumir, precisamente, algo de panecillo y show.

Resulta que los seleccionados nacionales, llámense Javier “Chicharito” (pasado de moda) Hernández, Andrés Guardado (y su look tipo Niurka, antes de ser más lépera de lo que ya es), Javier Aquino (Aquí-no juega), Angel Reyna (pero de los cabaretes de Veracruz) y Jesús Corona (la chela es la mejor), entre otros roba-salarios, han dado una de las peores exhibiciones de cómo jugar al fútbol frente a sus rivales históricos, los gringos, nada espectaculares, pero sí bastante prácticos y efectivos.

El martes, de tal manera, el famoso Tri quedó dado en la torre, desmadejado, sin ideas, sin inspiración, sin “huereques”, sin ambición, es más, sin aliento siquiera para aplaudir las reformas presidenciales (educativa y hacendaria, por de mientras) o repudiar a los maestros de la CNTE (salvo algunos dizque intelectuales rojillos futboleros) por bloquear las principales avenidas y sitios de la capital de México y dejar sin clases a millones de chavillos en Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Chiapas y, chance, hasta Yucatán.

El marcador fue contundente. Los estadunidenses, a cargo de un histórico goleador alemán Jurgën Klinsman, supieron controlar los escasos embates de los desangelados ratoncillos verdes, huérfanos de padre –madre nunca han tenido, deportivamente hablando– y dirigidos interinamente por una excelente persona y bárbaro entrenador, Luis Fernando Tena, simplemente ganador de la medalla de oro en las Olimpiadas de Londres 2012 con una selección que, realmente, valía oro molido.

Pero no hubo milagro. El estado catatónico en que dejó a esta “decepción nacional” el Chepo de la Torre no pudo ser contrarrestado.

PRIMERA CAIDA.- Así como va la selección nacional de balompié, es poco probable que acuda a la cita de Brasil 2014, o sea, el Mundial de Fútbol, y con ello privará a millones de mexicanos o residentes en este país de una supuesta gloria ante las potencias de este deporte.

SEGUNDA CAIDA.- Si los jugadores que ganan miles de pesos o dólares al mes tuvieran, siquiera, un poquito de la rabia, astucia y gandallez de los profesores de la CNTE, con seguridad hubieran aplastado a goles a los gringos, quienes no tienen problemas magisteriales al carecer de sindicatos y líderes funestos.

TERCERA CAIDA.- Caray, se nos escapa el pan y circo. Mejor nos quedamos con los maestros.

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