20 de Julio de 2018

Opinión

PAN y PRD encaran la ruptura

La antinatural pero exitosa alianza que realizaron el PAN y el PRD en 2016, que compitieron agarrados de la mano por la gubernatura en cuatro estados...

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La antinatural pero exitosa alianza que realizaron el PAN y el PRD en 2016, que compitieron agarrados de la mano por la gubernatura en cuatro estados, entre ellos Quintana Roo, atraviesa sus peores momentos y amenaza con derrumbarse por completo luego del prematuro divorcio entre estos partidos en el Estado de México y en Coahuila, donde pretendían consolidar su poderío rumbo a las elecciones presidenciales de 2018.

Las ambiciones de panistas y perredistas a nivel nacional son muy diferentes, y a pesar de que con esta fórmula lograron apropiarse de cuatro gubernaturas el año pasado, las tribus del Sol Azteca descarrilaron las negociaciones en el Estado de México, una entidad clave para las elecciones venideras por su alta concentración poblacional, provocando un daño colateral en todo el país.

Por lo que se ve, la ruptura entre el PAN y PRD es tan profunda que no se verá un matrimonio de este tipo en lo que resta del año en todo el país, y por supuesto, mucho menos en 2018.

Porque el PRD está trazando el camino para aliarse con el favorito Andrés Manuel López Obrador, virtual candidato de Morena a la presidencia, desechando al PAN que tiene menos posibilidades.

Esta trama telenovelesca de amor y traición está causando ya heridas entre los panistas y perredistas quintanarroenses, a los que les está cayendo el veinte que para el 2018, año en que estarán en juego cuatro diputaciones federales, dos senadurías y once presidencias municipales, tendrán que rascarse con sus propias uñas.

Compitiendo en solitario, ni el PAN ni el PRD son una fuerza política abrumadora, mucho menos si no cuentan con los refuerzos de las huestes joaquinistas emanadas del PRI, que aún no definen sus preferencias partidarias y se mantienen como una suerte de personajes independientes.

Porque ambos partidos lograron encumbrarse gracias a la enorme figura de Carlos Joaquín en las pasadas elecciones, al que ahora como gobernador intentan seducir para que se decante por apoyar a uno u otro partido, decisión que cambiará por completo el equilibrio de poderes en el futuro cercano. 

Por esa previsible ruptura, los panistas y perredistas que aspiran a una de las posiciones que estarán en juego están haciendo circo, maroma y teatro para posicionar su imagen, usando todos los recursos a su disposición gracias a que ahora son los partidos oficiales en el gobierno estatal.

Hasta el momento, amarillos y azules mantienen una relación cordial, aunque cada vez más distante, pero los jaloneos empezarán a subir de tono conforme se acerque el momento definitorio, cuando los alegres amantes se conviertan en acérrimos rivales.

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