15 de Julio de 2018

Opinión

Pandillerismo a la alza

En todas las ciudades de Quintana Roo, incluyendo Chetumal, en los últimos siete años se ha visto un incremento desmesurado del fenómeno del pandillerismo...

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En todas las ciudades de Quintana Roo, incluyendo Chetumal, en los últimos siete años se ha visto un incremento desmesurado del fenómeno del pandillerismo, sobre todo en las colonias populares donde las “banditas” integradas generalmente por menores de edad se convierten en el terror de la población.

En el caso de la capital, el número de pandillas ha crecido de manera importante y actualmente de acuerdo a datos que aporta la dirección de Seguridad Pública Municipal existen entre 35 y 40 bandas activas, distribuidas principalmente en las colonias de la periferia de la ciudad.

Sin embargo el hecho que verdaderamente preocupa es que estas bandas han cambiado sus formas de operar, aumentando sus actividades delictivas en las zonas que controlan en perjuicio de la población. Entre sus delitos preferidos están el robo a casa habitación y el asalto a mano armada a comercios, como los Oxxos y otro tipo de establecimientos.

La “zona roja” del crecimiento de las pandillas se ha detectado en el área que comprende las colonias Solidaridad, Proterritorio, Lázaro Cárdenas y Fraccionamiento Caribe, donde operan al menos unas 10 bandas juveniles. También las colonias Forjadores, Lagunitas, Payo Obispo y la céntrica Barrio Bravo enfrentan el mal del pandillerismo desde hace años.

El problema es que ante la creciente problemática social, el aumento de las adicciones entre los adolescentes y la crisis económica que ha sumido en el desempleo a cientos de capitalinos, hasta el momento no existe una estrategia para combatir a las pandillas, pero sobre todo para alejar a los jóvenes de estos grupos delictivos.

Los pandilleros se mueven a sus anchas en escuelas primarias y secundarias, donde incluso son admirados por otros jóvenes que tienden a imitarlos, ya sea uniéndose a las bandas o formando sus propios grupos.

Institucionalmente, han sido escasos los esfuerzos por atacar la raíz del problema. La Policía Municipal no tiene presencia en las colonias y ocasionalmente –casi siempre después de que alguna pandilla comete algún delito de cierto impacto– realizan operativos en las colonias para “amedrentar” a los pandilleros, aunque sin resultados porque siempre quedan libres en unas cuantas horas.

Y aunque en el Congreso el tema del pandillerismo se han manejado al menos tres iniciativas contra el pandillerismo desde 2007, ninguna de ellas fue exitosa y se quedaron guardadas en el fondo de algún archivero.

El inusitado crecimiento del fenómeno, aunado a la creciente ola de robos en la capital es preocupante, por lo que se requiere una respuesta institucional integral, que no sólo castigue a los pandilleros, sino que abra oportunidades de desarrollo social en los jóvenes que hoy parecen haber perdido el rumbo de su vida.

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