24 de Septiembre de 2018

Opinión

¡Pará de llorar, che!

Aunque es cierto que doña Dilma no patea el balón ni en defensa propia, el estruendoso fracaso de la selección amazónica, en su propia casa, le pasará la factura electoralmente.

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Ya era tiempo, al fin acabó el Mundial de Fútbol de Brasil que sólo trajo desdichas para los anfitriones, gloria para los teutones y muchas incógnitas de los perdedores inmediatos, o sea, los orgullosos argentinos. Ni modo, pero alguien tenía que salir derrotado.

La justa mundialista deja muchas enseñanzas, en casi todos los campos: políticos, sociales, religiosos y, por supuesto, deportivos.

Algo está bastante claro en el aspecto político en Brasil y, digamos, México: la presidenta del país gigante de Suramérica, Dilma Rousseff, va por su intentona de reelección. Pero será muy difícil que pueda conseguirlo. La dama le apostó a que la escuadra brasileña y su joven astro Neymar ganaran su sexto título mundial, y los tres se toparon con algo espantoso: un increíble 7 goles contra 1 de la máquina alemana en la etapa semifinal.

Aunque es cierto que doña Dilma no patea el balón ni en defensa propia, el estruendoso fracaso de la selección amazónica, en su propia casa, le pasará la factura electoralmente. Si hay algo que los brasileños no perdonan son las rotundas caídas en el fútbol y, por lo general, la sociedad reacciona de manera airada.

Los ciudadanos sabían que Dilmita le apostaba al resultado positivo de Brasil su capital político. Pues el deporte le pagó de muy mala forma. En los siguientes comicios, con chance a la presidenta le estampen otro 7 a 1, pero ¡de votos en contra! Rousseff puede recurrir a los grandes alquimistas mexicanos en elecciones.

Con que contrate a dos o a tres “magos electorales”, posiblemente pueda revertir su actual y frágil situación política. Le recomendamos a Sir Charles Salinas de Gortari, un prodigio en esas artes.

De los alemanes qué más se puede decir. Simplemente un proyecto desarrollado y sostenido con la marca de la eficacia y la tozudez, características propias de un pueblo hecho para levantarse de cualquier adversidad. En la

Primera Guerra Mundial; en la Segunda conflagración bélica y el tal Hitler. Después de las confrontaciones, el pueblo germano acabó devastado. ¿Y qué hizo? ¡Se levantó de sus escombros! En el fútbol, guardando las proporciones históricas, Alemania terminó conquistando América y su cuarto campeonato mundial.

Y de los “ches”, pues ni hablar. Lucharon con sus limitaciones propias y creyendo que su orgullo iba a superar la unidad alemana. Pecaron de ingenuos.

PRIMERA CAIDA.- Brasil no será el mismo país después de este Mundial 2014. Los seleccionados acabaron “tronando” su principal examen y el pueblo que goza de este deporte, pero que no se fanatiza, hará valer sus derechos en las próximas elecciones presidenciales. Y, por supuesto, demandará cuentas de los presuntos desvíos multimillonarios en que supuestamente incurrió el actual gobierno.

SEGUNDA CAIDA.- Alemania puede estar segura de que, en estos momentos, es la potencia a admirar. Tienen a los triunfadores del momento, una economía bárbara y a su líder Angela Merker como una política sobresaliente.

TERCERA CAIDA.- ¿Y de Argentina y de Lionel Messi? ¡No hagás más tango, che!

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