16 de Diciembre de 2018

Opinión

Para uno que madruga, hay otro que no se duerme

Mis amigos del Instituto Electoral de Quintana Roo (Ieqroo) terminaron por desbordarse en el jueguito del poder, en la manipulación de los espacios dispuestos para ciudadanos honestos, intachables…

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Mis amigos del Instituto Electoral de Quintana Roo (Ieqroo) terminaron por desbordarse en el jueguito del poder, en la manipulación de los espacios dispuestos para ciudadanos honestos, intachables… Buenos mexicanos, pues.

Cuando salió la convocatoria para integrar los 15 Consejos Distritales y la Junta Municipal de José María Morelos, varios cuates y uno que otro conocido se lanzaron a la búsqueda de un espacio, no tanto impulsados por el ánimo de servir en el proceso electoral como por la paga –unos 12 mil pesos mensuales-, y animados por otros duchos en el ambiente, que ya estaban inscritos.

No habían pasado 48 horas cuando las vacan-tes para 15 consejeros presidentes distritales, 60 consejeros electorales distritales, 45 miembros de las Juntas Ejecutivas Distritales, sin contar las siete vacantes para Consejos Municipales, estaban ya ocupadas.

¡Sacrebleu! Habría sido la expresión de mi difunto abuelo al conocer la centelleante velocidad de reclutamiento del JMC Team, que tanto ha procurado no verse envuelto en nuevas polémicas, como cuando armaron aquélla millonaria redistritación que no sirvió para maldita la cosa, pero que exhibió de fea manera la torpeza con la que se desenvolvieron los consejeros.

Ahora, la renuncia anticipada de 11 integrantes de esos Consejos Distritales frente a las impugnaciones promovidas por el PAN comprueban de algún modo, que los equipos encargados de conducir por la escabrosa ruta de la democracia las elecciones locales, fueron armados a modo para abonar a intereses políticos muy particulares en esta contienda electoral, que de ninguna manera será lo sencilla que han pretendido los actores y dirigentes del partido cuya hegemonía está siendo seriamente amenazada. Los partidos políticos nunca fueron santo de mi devoción.

La romántica concepción de que tales organizaciones defienden una ideología murió en mí el mismo día que asesinaron a Luis Donaldo Colosio Murrieta, en un evento público, frente a los ojos del mundo.

Pero en el entendido de que nuestro país financia una costosa democracia, en la que los órganos electorales pretenden ser sus igualmente onerosos defensores, lo menos que se pudiera pedir es que tuvieran un dejo de moral, de la que, según Wikipedia, se desprende la política, que además y para colmo, es de lo más inmoral, aquí y en China.

En todo caso, en Quintana Roo el Ieqroo ha sido burdo sastre al intentar vestir a la democracia todos estos años, porque sus puntadas resultaron tan rústicas, que hasta el más modesto ciudadano se ha dado cuenta de tal manufactura y ahora sabe que su única oportunidad de conseguir la calidad de prenda que la propia ley le ofrece como garantía, es atender a la honestidad de la persona que buscará el voto ciudadano, sin fijarse en colores ni siglas, y acudir a votar el domingo 7 de julio.

En estos tiempos en los que la tecnología nos pone al alcance información a través de todo mecanismo y espacio posible, los antecedentes de cada postulante de los partidos políticos que estarán en competencia, con asociaciones tan elementalmente ajenas como derecha e izquierda, tan convenientes como el chico que se abraza del grande o el solitario adversario de cualquier talla que se conformará con lo que buenamente alcance, están a juicio del ciudadano, de usted, que tendrá el poder de marcar su decisión en la boleta electoral, y de mí, que allí estaré puntual. Entiendo que la tarea que le toca desempeñar a un organismo como el Ieqroo no es fácil. 

Requiere de conocimiento, inteligencia, aptitud, seriedad, honestidad y sentido común. Y, como bien reza el viejo refrán, “echando a perder se aprende”.

Es una condición del ser humano. Pero amigos, con todo cariño y respeto ¿no se han cansado ya de echar a perder? A nosotros, los ciudadanos que creemos todavía que la democracia no es una utopía, nos parece que ya fue suficiente. 

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