23 de Septiembre de 2018

Opinión

Pepino feo y maloliente

El gobierno puede sin duda ejercer vigilancia suficiente y eficaz en el mar y la costa para impedir la explotación del pepino de mar. Pero por algún lado se cuelan los intereses…

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Hay cosas difíciles de entender. Una de ellas es este asunto del pepino de mar y las graves consecuencias sociales y ambientales de su sobreexplotación, prohijada o tolerada por autoridades de todos los niveles. Todo el mundo dice que es un delito, que hay que combatir esa ilícita actividad, que causa serios daños a los ecosistemas marinos… pero la extracción de ese feo animal –cuya labor en el lecho marino es harto benéfica- sigue imparable, con su cauda de muertos, heridos, buzos inválidos, violentos choques de pescadores y pepineros y daños a bienes ajenos.

Cada vez que hay violencia en el mar a causa de ese carroñero –se alimenta de los desechos y miasmas que arrojamos al mar y de ese modo lo limpia-, todos salen, salimos, a opinar: ex gobernantes(as) metidos(as) a comentaristas televisivos, periodistas, ambientalistas, autoridades… Y cada uno tiene la mejor opinión.

Sin embargo, el problema sigue y va en amento. Desde luego, la primera responsable de que eso ocurra es la autoridad, porque no saldría del fondo del mar ni el más feo de los pepinos –que ya es decir- si no lo permitiera en algún nivel de su abigarrada estructura, donde la corrupción siempre halla un resquicio para colarse. Con los medios a su alcance, el gobierno puede sin duda ejercer vigilancia suficiente y eficaz en el mar y la costa para impedir su explotación. Pero por algún lado se cuelan los intereses… y alguien se hace de la vista gorda.

También son responsables los pescadores que no tienen conciencia del daño que se causan a sí mismos en primer lugar –al atacar su fuente de sustento- y luego a todos los demás. Y la sociedad en general porque tolera en su seno esas violaciones al marco legal en todos los niveles. 

Poner fin a esa inicua actividad es fácil: uno, con adecuada vigilancia en las costas, y dos, con personal honrado y capacitado en aduanas para impedir que salga el producto a los mercados asiáticos, que es la única zona donde demandan ese animal comemierda. Sólo es cuestión de ganas y de honradez. ¿Es mucho?

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