25 de Mayo de 2018

Opinión

¡Pésimos!

Prácticamente no hubo un punto la ceremonia de inauguración del Mundial en que nuestros benditos comunicadores no abrieran la boca.

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Me quiero morir. Qué porquería de transmisiones especiales vimos de la ceremonia de inauguración del Mundial de futbol.

Se me cae la cara de vergüenza frente a lo que se está haciendo en este instante en otras naciones civilizadas. La televisión mexicana se quedó en los tiempos de la radio, pero de la más vieja.

Prácticamente no hubo un punto en esa ceremonia en que nuestros benditos comunicadores no abrieran la boca.

¿Para qué? ¡Para lucirse! El que no se quiso hacer el chistoso se quiso hacer el intelectual, el que no nos quiso presumir su enorme experiencia, nos quiso presumir su viaje.

¿En qué momento se les olvidó que las estrellas no son ellos? ¿En qué momento se les olvidó que no estaban en una fiesta privada?

¿En qué momento se les olvidó, repito, que aquello era una transmisión profesional de televisión del siglo XXI pensada para un público que la estuvo esperando durante meses?

No ensayaron, ¿o qué? ¿Por qué nadie les dijo nada? ¡Bueno! ¿Por qué no nos hicieron caso a todas las personas que les estábamos rogando que se callaran a través de las redes sociales?

Sí tenemos que ponernos a pensar en esto, porque si así estuvo la primera transmisión especial, no me quiero ni imaginar la última.

Pero vámonos por partes para que nos entendamos. ¿Cómo estuvo la ceremonia? ¡Espantosa!

¿Por qué? Porque no sirvió para nada, ni para explicarnos qué es Brasil, ni para contarnos su historia, ni para sensibilizarnos sobre la belleza del futbol ni para ponernos felices.

Mal todo: guión, cámaras, sonido. ¡Todo!

¡Qué tan pavoroso no habrá estado ese espectáculo que hubo momentos en que nuestros comentaristas prefirieron ponerse a platicar de cualquier cosa en lugar de hacerle caso a los acróbatas que tenían enfrente!

Sí, yo sé que las ceremonias de inauguración de los Mundiales no son como las de los Olímpicos, pero también sé que esto ha crecido y que tanto usted como Brasil se merecían algo mejor. ¿O me equivoco?

¿Qué puedo decirle de las coberturas especiales? Que en nuestro país, por el tema de los derechos, solo podemos destacar los trabajos, en televisión abierta, de Azteca y Televisa, y en televisión de paga, del canal TDN, también de Televisa.

Luego hablamos de otros esfuerzos de otras cadenas o de lo que usted haya visto a través de mil y un dispositivos en su ciudad o en su país.

Para efectos prácticos hoy me voy a detener solo en estas tres señales.

¿Qué es lo que más llama la atención a escala macro? Lo que le dije al principio de esta columna. Estamos a años luz de una buena transmisión.

Parece que a nuestros comunicadores les pagan por palabra, que sus productores piensan que somos un pueblo de retrasados mentales que no entiende si no le están narrando lo que está mirando con sus propios ojos.

¿Cuál es la aportación de que nos digan, por ejemplo, que estamos viendo una flor si estamos viendo una flor? ¡Para qué nos lo dicen! ¡Para qué!

Y que no nos salgan con el cuento de que lo hacen para los ciegos, porque si en verdad pensaran en las personas con discapacidad, su trabajo iría por otro lado.

¡No somos tontos! ¡No nos traten así! ¡Ya no nos traten así!

¿Quién lo hizo mejor? Haciendo a un lado todo lo que le acabo de decir, Azteca.

¿Por qué? Porque sus comunicadores estaban integrados, porque sí supieron guardar silencio en momentos clave, porque sus comentarios no eran tan sangrones y porque se notaba que estaban disfrutando de la fiesta. Su alegría se contagiaba.

¿Qué hizo Televisa en televisión abierta nacional? La cosa más penosa del universo. Juntó a Joaquín López-Dóriga, una vez más, con la gente de deportes.

Solo que ahora como que no se pusieron de acuerdo o como que nadie decidió quién iba a ser el líder de la transmisión, porque aquello se convirtió en una charla como de comadres jubiladas jugando bingo.

López-Dóriga, por ejemplo, se ponía a hablar de algo tan “actual” como las aportaciones futbolísticas del gobierno de Miguel de la Madrid.

Y a Antonio de Valdés no le quedaba más remedio que contestarle cualquier cosa medianamente diplomática nomás como para seguirle la corriente. ¡Pobre!

¿Qué hizo Televisa en televisión de paga a través del canal TDN? Algo muy serio e interesante, el problema es que se le pasó de serio e interesante.

Fueron la única señal, por ejemplo, en darle su lugar a los comentarios de una mujer como parte de la ceremonia inaugural.

La bronca es que estaban todos como anorgásmicos. Cero pasión, cero alegría. Parecía que estaban como en una exposición de mala tesis de doctorado chafa, no en Brasil 2014.

¿Me creería si le dijera que en el momento más emocionante del show se aventaron una disertación sobre la “multifuncionalidad de los estadios”?

¡Me quiero morir! Qué porquería de transmisiones especiales vimos ayer de la ceremonia de inauguración del Mundial de futbol. ¿A poco no?

http://twitter.com/AlvaroCueva

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