17 de Enero de 2018

Opinión

Plaga financiera

La notable pérdida del poder adquisitivo y las malas condiciones de la economía en el sur de Quintana Roo se ha convertido en el caldo de cultivo...

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La notable pérdida del poder adquisitivo y las malas condiciones de la economía en el sur de Quintana Roo se ha convertido en el caldo de cultivo perfecto para que, como hongos, se instalen en esta capital decenas de empresas que otorgan créditos “fáciles”, aunque sumamente costosos para los usuarios.

La lista de las empresas dedicadas a otorgar préstamos sin mayores requisitos es muy larga, pero algo tienen en común: mientras más facilidades para obtener el crédito, mayor es la tasa de interés.

Por supuesto que Chetumal –ciudad cuya economía se basa en la abultada burocracia que mueve el aparato gubernamental estatal y municipal– reúne las condiciones perfectas para que estas empresas devoradoras se instalen y hagan su agosto aprovechándose de la necesidad de las personas.

Y es que la estrategia que usan estas empresas crediticias es, en muchos casos, el descuento vía nómina, con lo que aseguran recuperar el pago, razón por la que no solicitan ni un buen historial de crédito, ni avales, ni ninguna otra prueba de solvencia del acreedor. Ellos saben que su pago está seguro.

Lo malo del asunto es que los intereses que cobran van del 40 hasta el 80 por ciento anual, lo que se traduce en que el monto a pagar por parte del trabajador puede duplicarse o hasta triplicarse, dependiendo del plazo.

Las quejas de los usuarios de estos servicios financieros se cuentan por cientos, pero poco se puede hacer por que las astutas financieras se blindan con contratos totalmente a su favor que generalmente son firmados sin ser leídos por los que adquieren a solicitar un préstamo.

Por su parte, la Condusef –dependencia que se encarga de regular este tipo de negocios– poco se involucra en el asunto y se limita a advertir a los ciudadanos que analicen muy bien las condiciones antes de adquirir un crédito con alguna financiera.

Sin embargo esa mezcla nociva de necesidad e ignorancia ha permitido la proliferación de los prestamistas que diariamente envían una legión de promotores armados con tarjetas publicitarias a las oficinas de las distintas dependencias, lanzando el anzuelo a los burócratas para mantenerlos endeudados.

Tan libres operan estos negocios que hay casos extremos de trabajadores que no reciben un peso de su quincena debido a que cuentan con varios préstamos con cargo a nómina de distintas casas crediticias. Esto evidencia que no tienen un límite, ya que nadie vigila que se otorguen préstamos únicamente a quienes puedan pagarlos sin perjudicar la economía familiar.

Y como la demanda de dinero fácil es alta, el número de negocios de préstamo crece sin control, a pesar del grave perjuicio que provocan a la economía local, ya que aportan poco en materia de empleos, pero se llevan mucho capital fuera del estado.

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