18 de Noviembre de 2018

Opinión

Por eso gana la piratería

Todo el dinero, toda la calidad y todas las utilidades de la mejor televisión de este año está ahí, y en México no la estamos viendo.

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Estoy que no me calienta ni el sol. ¿Por qué? Porque la gran noticia en materia de televisión de esta semana, en todo el mundo, es el estreno de los capítulos finales de Breaking Bad.

¿Y? ¿Qué tiene esto de terrible? ¡Todo! Breaking bad es una de las series más importantes de los últimos años, un acontecimiento indiscutible.

Todo el dinero, toda la calidad y todas las utilidades de la mejor televisión de este año está ahí, y en México no la estamos viendo.

¿Por qué? Porque las personas encargadas de traernos este título, en lugar de pasarlo al mismo tiempo que en Estados Unidos, están regodeándose en repeticiones como las de la primera temporada de Hannibal.

Por supuesto le estoy hablando del canal AXN. ¿Cómo es posible que no la hayan transmitido el domingo pasado, al mismo tiempo que en Los Ángeles y Nueva York, como lo hace HBO con sus producciones?

¿Cómo es posible que no la hayan presentado el lunes pasado, un día después de su lanzamiento en Chicago y en Miami, como lo hace Fox con otros títulos de la casa productora AMC como The Walking Dead?

¿Cuándo nos la van a traer? ¿En septiembre, cuando los piratas se hayan vuelto millonarios vendiéndola en discos de a diez pesos? ¿En noviembre, para que se atraviese la Navidad y nadie la vea? ¿En enero, cuando a nadie le interese?

¡No, por favor! ¡No! Alguien tiene que hacer algo para impedir esta catástrofe.

Ya no estamos en los años 90 cuando la distribución de contenidos en los cables y en las antenas era tan deficiente que títulos fundamentales como Sex and The City, en lugar de llegarnos en orden, a tiempo y en sus canales correspondientes, nos llegaban de muchas formas y por otros lados hasta que se convertían en leyenda gracias a los DVD.

No sé qué me da más coraje, si una arbitrariedad de este tamaño o que, cuando nos la vayan a poner, la presenten con un doblaje tan pésimo como el que el canal Studio Universal le puso a una obra que, por la más elemental dignidad artística, tenía que haberse transmitido en inglés con subtítulos como Smash.

De veras, estoy furioso. Me siento discriminado como televidente y, lo peor de todo, me siento discriminado como televidente por ser mexicano.

Si la bronca es que Breaking Bad es una emisión de AMC, que pertenece a un corporativo diferente al de las grandes cadenas internacionales que dominan el mercado nacional, pues vayamos hablando con AMC para que venga a poner su canal en México y que esto no vuelva a pasar.

Lo que le estoy diciendo es imperdonable, estimula la piratería y nos obliga, a miles de televidentes con un recurso tan simple como una computadora, a violar todo lo violable y a enchufarnos a las señales de Estados Unidos.

No es que no podamos pagar, no es que no queramos pagar, es que no nos dejan opción.

No sé usted, pero yo no me voy a quedar atrás frente a los espectadores de otros países nada más porque alguien no se quiso mover en la industria de la televisión de paga latinoamericana.

No sé usted pero yo no me voy a resignar a que me traten como televidente de segunda nada más porque los señores de los cables y de las antenas directas al hogar están más preocupados por vendernos combos con teléfono e internet que contenidos.

Breaking Bad se estrenó hace tres días en Estados Unidos y yo todavía no puedo olvidar su belleza, su profundidad y su espectacularidad.

Como usted sabe, ésta es la historia de un hombre muy, pero muy gris, que al recibir la noticia de que está condenado a muerte por una enfermedad rompe con todo y se transforma exactamente en lo que ningún hombre debe ser.

El detalle es que al hacerlo, su vida adquiere un sentido y aquello se convierte en un viaje lleno de significados, aventuras, aciertos, errores y cuestionamientos.

Breaking Bad es para la televisión lo que En busca del tiempo perdido para los libros, una obra cumbre sobre la desesperación que provoca el paso del tiempo, sobre la lucha de un hombre que quiere sacarle jugo a cada minuto y a cada detalle de la vida.

Y si Breaking Bad es En busca del tiempo perdido, esta temporada final es “El tiempo recobrado”, el último tomo de esa joya, el remate, todo el retorno, todo el descubrimiento de que la única vida verdaderamente vivida es la que se vive a través de la literatura. En este caso, de la televisión.

Lo que vieron mis ojos el domingo pasado fue estructuralmente perfecto, cinematográficamente glorioso, histriónicamente sublime.

Desde el regreso a casa hasta la escena de los golpes pasando por el lavado de autos, el baño, las revelaciones y las sorpresas.

Esto es lo que pasa cuando la televisión se convierte en arte. Esto es lo que pasa cuando la televisión no nos llega a los televidentes y muchos tenemos que hacer nuestro propio Breaking bad para verla. ¿A poco no?

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