20 de Septiembre de 2018

Opinión

Por la Mérida que queremos

Para evitar que continúe el crecimiento inercial de la ciudad es necesario acordar un nuevo modelo de desarrollo integral y sostenido del espacio urbano.

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Nuestra ciudad sigue padeciendo procesos inerciales de crecimiento urbano desordenado y disperso, condición que hace necesaria la definición de un planteamiento urbano de conjunto; esto es, la definición de un modelo de ciudad, para que los programas, proyectos y construcciones, tanto del sector público como del privado, converjan y se refuercen positivamente para lograr un desarrollo urbano de calidad.

Para evitar que continúe el crecimiento inercial de la ciudad, que se ha caracterizado por el incremento en la marginación y la segregación social, el desorden en el asentamiento de las actividades productivas, la disfuncionalidad del transporte colectivo y el entorpecimiento paulatino del tráfico, así como por una permanente y creciente interferencia entre vivienda y giros no habitacionales, es necesario acordar, sociedad y gobierno, un nuevo modelo, no de crecimiento por zonas, sino de desarrollo integral y sostenido del espacio urbano.

Para ello se considera necesario el desarrollo de un plan director en el cual se defina la ubicación y se creen las condiciones de equipamiento e infraestructura, para que las actividades productivas operen en economías de escala y en condiciones de complementariedad con los espacios de vivienda, así como con los grandes pulmones verdes que demanda la ciudad y los necesarios proyectos detonadores del desarrollo sostenible, en un marco normativo que defina las características urbanas mínimas y universales de calidad de vida para la vivienda y el medio ambiente urbano.

En este proceso de definición espacial de la ubicación de las actividades productivas es vital la comprensión de las vocaciones regionales de la ciudad de Mérida y de sus espacios de conurbación con los municipios que integran su zona metropolitana, especialmente Progreso, Umán y Kanasín. 

Todo esto requiere de un programa director a largo plazo, que no pretendamos reinventar, sino simplemente actualizar cada tres años; un programa que esté bajo la conducción y validación de un organismo en el que prevalezcan las propuestas y opiniones de la sociedad; es decir, un instrumento que determine el nuevo modelo de ciudad que deseamos todos quienes vivimos en la zona metropolitana de Mérida.

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