20 de Septiembre de 2018

Opinión

¿Por qué perdió Josefina?

Aunque le pese a Calderón, Gustavo Madero, además de su mejor protector, ha sido un dirigente que le ha dado relieve al PAN.

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Sus malquerientes, más en las filas del calderonismo que en otra parte, han deslizado la tesis sobre la responsabilidad de Josefina Vázquez Mota de dejar al PAN en tercer sitio en la pasada elección presidencial, hecho que no se presentaba desde 1988. 

El dicho se presenta ante la posible disputa por la dirigencia del PAN, asunto incierto por la reforma estatutaria y que podría llevar a la continuidad de Gustavo Madero.

¿Realmente perdió Josefina? ¿el factor que más pesó en el ánimo de los electores fue su mala campaña? No. Las dificultades electorales del PAN anteceden y exceden a la elección presidencial. 

Son memorables las columnas de Ciro Gómez Leyva en las que cada elección de gobernador hacía notar los resultados desastrosos del PAN, el que para 2012, prácticamente gobernaba solamente, en sentido estricto, Sonora y Baja California, los demás estados entregados a la oposición, directa o simuladamente como Sinaloa y Puebla. En 2009, perdió las gubernaturas de Querétaro y San Luis Potosí. 

¿Qué tuvo que ver Josefina con la derrota de los candidatos a gobernador en Jalisco y Morelos? Las cifras son de desastre y no remiten a la campaña de Vázquez Mota, sino al mal gobierno.

Calderón tuvo una presidencia con mala suerte, pero él como político ha tenido fortuna espléndida. Ser candidato con un anticandidato del PRI, Roberto Madrazo, significó que la contienda se volviera de dos: él o López Obrador; ganó por una discutible diferencia, construida con los votos del miedo al aguerrido candidato de izquierda y con los desafectos del candidato del PRI, quien ganó menos de 10 de los 300 distritos. Fox le hizo campaña a Calderón y buenas razones de la política llevaron a que Peña Nieto y el PRI le traten con particular comedimiento.

Josefina sí tuvo una responsabilidad en el desenlace. Su culpa mayor e inexplicable fue haber entregado a Calderón la campaña y las candidaturas a legislador. El poder no se comparte, menos se cede. 

Hizo una exitosa precampaña, ganó la candidatura a Santiago Creel y al favorito de Calderón, Ernesto Cordero; trató al presidente Calderón con la generosidad que no merecía, éste le impuso tino y tono a su campaña, lo hizo con el hígado, común en él y los suyos; leyeron mal las encuestas y asumieron que Peña contaba con una enrome ventaja, lo que ni el equipo de campaña de Peña Nieto creía, ignoraron a López Obrador y muy tarde corrigieron rumbo. Quienes ahora la señalan son los responsables de la desgracia. Su culpa, haberlos incorporado a la dirección de su campaña con cargo asegurado en el Senado.

Efectivamente, Calderón es un expresidente con suerte. El desastre de su régimen no fue objeto de escrutinio y no solo eso, muchos de sus empleados continúan. La representación del PAN en el Pacto por México ha actuado en tal sentido. Gustavo Madero, tan repudiado por el calderonismo, ha sido el principal protector de un gobierno que merecía un juicio más riguroso. 

De la misma forma, culpar a Josefina del desastre es coartada para que el panismo no pase a báscula a quien más contribuyó para que el régimen panista asimilara las malas prácticas reales e imaginarias del régimen priista. La imposición del Presidente sobre el partido incidió en la pérdida de brújula y piso moral del proyecto panista. Con Calderón ocurrió lo que él años antes señalara parafraseando a don Luis H. Álvarez: ganar el poder y perder al partido.

El PAN debe actuar con urgencia para recuperar el proyecto de origen. Son cada vez más los ciudadanos distanciados de la opciones partidarias existentes. Morena cubre parte del espectro, pero la oferta populista de López Obrador no da para un proyecto propiamente ciudadano. Además, los partidos cerraron la puerta a nuevas fuerzas políticas. 

Es previsible que en 2015 disminuyan los partidos con registro, especialmente en la izquierda, con Morena serían cuatro las opciones en disputa por la misma base electoral. Por tal consideración los partidos existentes deben actualizarse, transformarse y estar al tono de la nueva sociedad mexicana, sus expectativas, anhelos y demandas.

Aunque le pese a Calderón, Gustavo Madero, además de su mejor protector, ha sido un dirigente que le ha dado relieve al PAN en la adversidad. Se ha conducido con habilidad y ha ganado credibilidad dentro y fuera del partido. Su problema son las heridas de la batalla y muchos estiman que una tercera opción es lo más recomendable. 

Se equivocan quienes ven en Josefina ambigüedad o indefinición; su postura ahora es concitar el apoyo mayoritario del PAN, sin participar de la polarización en el partido. Los calderonistas eso es lo que pretenden y por ello la provocan; están prestos a una nueva visceral batalla. Calderón presidente llevó al PAN parecerse al viejo PRI; los calderonistas, al viejo PRD, un partido de tribus.

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