19 de Septiembre de 2018

Opinión

Por una Mérida sin ambulantes

Algunos comerciantes ambulantes son íconos nostálgicos de nuestra sociedad, como el organillero, el merenguero y el vendedor de pepita.

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Existen diferentes concepciones sobre la definición del comercio ambulante; unos lo llaman “sector informal de la economía”, otros “economía subterránea, sumergida o ilegal”, y a los trabajadores de este sector se les denomina “trabajadores independientes, informales,  ilegales o por cuenta propia”.

Los comerciantes ambulantes están presentes desde hace años en muchas áreas de la ciudad. En algunos casos, desafortunadamente los menos, son verdaderos emprendedores independientes. La importancia de este segmento del comercio reside en el hecho de que involucra a una gran cantidad de personas y contribuye, de alguna manera, a la economía diaria de muchas familias, aunque afecta a muchas otras.

Algunos comerciantes ambulantes son íconos nostálgicos de nuestra sociedad, como el organillero, el merenguero, el vendedor de pepita y cacahuate y el limpiabotas; también están los que se transportan y llevan su producto o su equipo en un carrito o en una bicicleta, quizá modificada, como el heladero, el hojalatero, el afilador, el vendedor de tamales, el panadero, los barquilleros, etc.

Pero también existen los ambulantes fijos, los que se han apropiado de aceras y calles, no sólo en nuestro Centro Histórico, constituyéndose en elementos de deterioro de la imagen urbana, que producen y tiran basura en grandes cantidades, arrojan sus aguas de desecho y aceites quemados al drenaje pluvial, contaminan el aire, producen ruido, venden productos apócrifos y se adueñan de banquetas y carriles de circulación, afectando el paso de peatones y vehículos; entre ellos, los vendedores de alimentos son un caso especial por ser una seria amenaza para la salud, por la falta de higiene, de equipamiento y muchas más carencias; este ambulantaje fijo ha crecido y crece sin control, y significa una plataforma inadecuada para el desarrollo de la economía formal, legal y del desarrollo sostenible.

La Mérida a la que todos debemos aspirar debe ser una ciudad con calles libres, limpias y seguras; para ello, debemos encontrar las formas adecuadas y equitativas para reubicar al verdadero “comerciante ambulante” en espacios equipados fuera de la vialidad, como lo han hecho muchas ciudades, incluso en nuestro país.

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