19 de Noviembre de 2018

Opinión

Porque parecerlo no es lo mismo

No había elementos para someter a proceso al respetable por las expresiones proferidas...

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En medio de la angustia del repechaje se vieron las caras la selección de Televisa y el equipo de Nueva Zelanda en el Coloso de Santa Úrsula. En poco tiempo fue evidente la superioridad del conjunto azteca, y con algunos goles en contra los ánimos de los visitantes estaban caldeados. 

El caso es que nadie se explica cómo fue que el guardameta neozelandés, en los quince minutos de intermedio, llegó acompañado del Señor Embajador de su país hasta la Delegación Tlalpan a levantar un acta contra quien resulte responsable −se entiende de los 100,000 asistentes al partido−  que en forma grosera y reiterada le gritaban “puto” cada vez que despejaba el balón,  moda vaciladora y grotesca que los aficionados mexicas al futbol han tomado como bandera para hacer hincapié en su incipiente cultura.

El fulano alegó ante la autoridad entender que el público manda en las canchas de futbol del mundo, pero en todo caso los espectadores podían proferir propuestas como “desorientado sexual”, “portero con preferencias sexuales diversas” (un tanto largo si tomamos en cuenta el tiempo que tarda en despejar, aunque algunas veces es factible en tanto se ordena el equipo en la cancha), e inclusive “homosexual”, pero no puto, porque la Suprema Corte de Justicia determinó que esa expresión fomenta la discriminación y es válido al aquejado demandar por daño moral.

El MP puso sobre aviso al jefe de gobierno del DF, quien a su vez recurrió al secretario de Relaciones Exteriores para evaluar el asunto. Después de breve consulta se designó  un representante oficial para acudir a la delegación y aclarar al cancerbero afectado que en efecto la SCJN emitió un fallo condenando las expresiones homofóbicas “puñal” y “maricón”, pero la palabra puto no se mencionaba en el dictamen. 

Por lo tanto, si bien entendía su molestia, no había elementos para someter a proceso al respetable por las expresiones proferidas y que tuviera la seguridad irrestricta de que sus derechos humanos, amparados por la constitución y Conapred se aplicaban de forma íntegra a su persona.

El regreso del Portero al estadio fue vertiginoso, merced al eficaz dispositivo ordenado por  Miguel Mancera. Vaya biem.

P.B.: No se pierdan “El bochornoso puto”, de Guillermo Sheridan. http://www.eluniversalmas.com.mx/editoriales/2013/11/67480.php

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