11 de Diciembre de 2017

Opinión

Predominan los nombres en esta campaña

Los partidos políticos como tales quedaron en segundo plano en esta batalla...

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Los partidos políticos como tales quedaron en segundo plano en esta batalla a la quintanarroense, donde predominan figuras, nombres y apellidos. El potencial elector echa porras a su favorito y lo sigue con matraca aunque abandone el partido, como ocurre con el ex priista Carlos Joaquín González, candidato a la gubernatura lanzado por panistas y perredistas, adversarios ideológicos hoy matrimoniados.    

El elector exigente entra en conflicto cuando tiene que descifrar la justificación de una alianza de esta naturaleza, ya que PAN y PRD han chocado con frecuencia en temas con olor a tabú como el aborto, pero habitualmente se unen cuando llevan como candidato a la gubernatura a un priista que abandona el nido.

Los panistas y perredistas genuinos se incomodan porque se han diluido los principios de sus fuerzas políticas con la incorporación de un puñado de priistas desprendidos del partido que tanto defendieron y que les correspondió con cargos de primer nivel y honores.

El chetumaleño habla exclusivamente de Carlos Joaquín, evitando referirse a esta llamativa coalición de derechistas e izquierdistas que desafía al PRI, escoltado por verdes y panales. Quienes siguen al hermano de Pedro Joaquín Coldwell lo iban a acompañar en cualquier equipo, sea Chivas, América o Jaguares de Chiapas.

Quien aguarde hachazos de Carlos Joaquín contra el Presidente Enrique Peña Nieto –como acostumbran panistas y perredistas– se llevará una decepción, ya que el hermano de Addy Joaquín Coldwell concentra su crítica en Quintana Roo, evitando los misiles contra Los Pinos.

Porque Carlos Joaquín sigue teniendo corazón tricolor, pero no le quedó más opción que firmar contrato con blanquiazules y negro amarillos.

José Luis Pech Várguez, candidato de Morena a la gubernatura, es el otro ex priista que pesa tanto como el partido de Andrés Manuel López Obrador. Porque el ex rector de la Universidad de Quintana Roo (UQROO) está perfectamente identificado política y socialmente, con un sello que lo distingue: es rechazado por gran parte de la militancia de piel bronceada, pero aceptado y gratamente recibido por el quintanarroense que reconoce sus cualidades políticas en varias zonas de la administración pública, con excepción de la electoral donde apenas da sus primeros pasos.

Titular de Turismo con el gobernador priista Miguel Borge Martín (1987-1993), el Doctor Pech es un hombre rigurosamente educado, con cimientos de disciplina y muy buenos modales. Este caballero de la política convive con caníbales morenos que se mueren por meterlo en una paila gigante para cocinarlo a fuego lento.

Lo rechazan con garrote porque están convencidos de que José Luis Pech se infiltró en el partido para dividir el voto y hacer ganar al priista Mauricio Góngora. A estas alturas el Doctor Pech ya no podrá hacerlos cambiar de opinión y tendrá que colgarse del ayatola López Obrador.

Mauricio Góngora Escalante, candidato a la gubernatura impulsado por la coalición que coordina el PRI, pretende imponer su figura en un partido que ha habitado Palacio de Gobierno sin interrupción, y que aporta una experiencia casi centenaria con figuras que se desprenden del árbol tricolor para alinear en otros equipos donde son venerados como estrellas del rock.

El alcalde de Playa del Carmen con licencia pretende ofrecer su trayectoria de éxito desde abajo, con su tremendo y permanente esfuerzo personal y familiar. Posicionar el nombre de Mauricio es prioridad en su campaña, por encima de un partido que tiene muchos flancos vulnerables y que está en boca de todos, para bien y para mal.

El PRI no entra en conflicto ideológico con sus costosos acompañantes, ya que el Verde Ecologista se concentra en su nicho ambiental, mientras Nueva Alianza con su discurso de la educación concentra profesores que militaron mayoritariamente en el PRI, como el diputado federal Carlos Gutiérrez García.

Chocan dos priistas en Chetumal

En la batalla por las presidencias municipales, Luis Torres Llanes se despidió del PRI para ser candidato de panistas y perredistas a la alcaldía capitalina en Chetumal. Lo que ocurre con Carlos Joaquín a nivel grande se manifiesta en esta parcela, ya que panistas y perredistas aceptan que el hijo del partido político que tanto critican ocupe la posición que persiguió el Napoleón panista Mario Rivero Leal.

Luis Torres no comulga con los principios del PAN y del PRD –si acaso los partidos tienen principios–, y por décadas ha asimilado los instintos de un priista que no puede dejar de serlo con una simple carta de renuncia. Hasta falso se vería criticando a Luis Donaldo Colosio y defendiendo a Felipe Calderón.

En algún paraje de la campaña, Luis Torres tendrá que atender preguntas sobre su desempeño como Secretario General del Ayuntamiento capitalino en el período del alcalde Andrés Ruiz Morcillo, quien hirió de muerte al municipio con zarpazos avalados por todo el equipo que participó de 2008 a 2011, incluyendo a Luis Torres y regidores de todos los partidos.

Si alguien conoce la historia por dentro, ese es precisamente Luis Torres, quien debe explicar los motivos reales de un endeudamiento injustificable que colapsó las arcas, o el contrato para colocar lámparas de leds a precios infladísimos, con todas las ganas de hipotecar al municipio hasta que el Cruz Azul vuelva a ser campeón, allá por 2036 ¿Verdad, don Carlos?

Luis Torres se aportó del PRI siguiendo los pasos de Carlos Joaquín; fue una decisión de mucho carácter, ya que para muchos es un viaje sin retorno con altísimo riesgo, lo que hizo recular a Gabriel Mendicuti Loría.

Arlet Mólgora Glover (PRI) es menos priista que Luis Torres Llanes, ya que su entusiasmo por el PRI a nivel competitivo inició apenas en la elección de 2013, cuando se llevó al bolso de mano la diputación local.

Moldeada a la carrera, Arlet tiene que seducir a una clase política priista que se resiste a aceptarla, aplaudiéndole a regañadientes. Su reto principal, si acaso gana la batalla: dejar por la paz la costumbre de abandonar curules -dos a la fecha, incluida Cámara de Diputados–, permaneciendo hasta el fin de su período en el sillón de la avenida Alvaro Obregón.

Pero ahora lo que importa es la evolución de una campaña proselitista cuyo desenlace no es un hecho consumado, en este choque entre Arlet Mólgora y Luis Torres. Ah, por cierto, dicen que Morena también lanzó candidato. 

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