22 de Septiembre de 2018

Opinión

Premio disputado

Cuando se habla de corrupción se piensa en los políticos y la razón, además de que los negocios son privados y la política pública, y que no hay corrupto sin corruptor.

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A veces, cuando se dice que somos humanos, va en el sentido de que las personas asumen comportamientos de los que no podemos estar orgullosos, ya que es todo lo contrario, se habla de defectos y vicios que pueden englobarse en actos de corrupción; cuando representan conductas que no causan daño a otras personas o a la sociedad, no hay mucho problema. Sí lo hay cuando alguien se ve afectado.

Y es que si medimos el grado de corrupción por el monto de lo defraudado tal vez tendríamos que aceptar que son los empresarios los mayores corruptos, como el caso de Gastón Azcárraga que, protegido por Calderón, en un breve lapso quebró Mexicana y huyó a Estados Unidos, sin que al momento pueda ser extraditado.

No obstante, cuando se habla de corrupción se piensa en los políticos y la razón, además de que los negocios son privados y la política pública, y que no hay corrupto sin corruptor, puede consistir en la necesidad de los políticos de permanecer en el foco de la opinión pública, para lo que son capaces de asumir conductas excéntricas o francamente disparatadas, estilo Donald Trump.

En nuestro país no carecemos en absoluto de estos especímenes, de los que Fox es el paradigma por haber ocupado la Presidencia, pero cuya actuación ha sido superada hoy por los hiperactivos actores de nuestro folclor político.

El primer lugar puede ser otorgado al delegado de Cuauhtémoc, Ricardo Monreal, que en el corto tiempo de su administración ha protagonizado eventos chuscos en los que ha tratado de involucrar a otras  autoridades, incluida la PGR.

Como haber recibido anónimamente millonaria cantidad de dinero, probablemente un soborno, dijo, que denunció sólo después de haberla indebidamente ingresado a su tesorería;  cuando fue reconvenido por Mancera, decidió entregarse a la PGR, después de desayunar y despedirse de su familia avituallado con prendas de vestir, un par de libros y una tablet. Como la Procuraduría le dijo que el asunto no era de su competencia, regresó a su oficina tan sólo para declarar que era objeto de espionaje al descubrir cámaras y micrófonos ocultos…

O tal vez a AMLO que, por el temor de poder ser superado por su pupilo, se aventuró a un esquizofrénico periplo europeo con locaciones en el Vaticano y en París, donde, mostrando una religiosidad que no profesa, pues no es católico, dio a entender, en su twitter, que había sido recibido en audiencia por el papa Francisco, cuando su mérito fue haber despertado temprano para ocupar la primera fila. En la cuna del laicismo, en conferencia “magistral”, dijo que el viaje lo hizo para que no digan que no había salido de su pueblo; que lo habían invitado y que los gastos correrían a cargo de su franquicia “Morena”, a la que le fue muy bien y recibirá más de 200 millones de pesos del INE y, pues, ¡hay que gastarlos!

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