20 de Septiembre de 2018

Opinión

¿Qué aire respiramos?

La OMS ha señalado que la atmósfera contaminada es causante de dos millones de muertes prematuras al año en todo el mundo.

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A principio de los 80 fui designado director del proyecto de diseño, instalación, operación y mantenimiento de la red automática de monitoreo continuo de la calidad del aire en el Valle de México, integrada por 25 estaciones de monitoreo, diez de ellas complementadas con estaciones de monitoreo meteorológico; para el procesamiento de la información se desarrolló un algoritmo, el Indice metropolitano de la calidad del aire (Inmeca); al ponerla en operación, los primeros dos meses la información se manejó en privado; los niveles eran muy preocupantes y se propuso a la autoridad darlos a conocer; la Sedue señaló que su manejo quedaba en sus manos y, al darse a conocer los valores del ahora Inmexca, nos sorprendió lo publicado; al comentar que la información parecía incorrecta se nos dijo: es que no queremos asustar a la población.

Lo cierto es que los índices de la calidad del aire no se deben ocultar ni maquillar; son una herramienta esencial para que todos sepamos la calidad del aire que respiramos y su relación con los límites establecidos en las normas vigentes. Su monitoreo continuo es importante para conocer sus tendencias e inferir si la contaminación del aire empeora o mejora conforme pasa el tiempo. 

Existen factores que intervienen en la distribución de las emisiones, como el viento, la temperatura, la radiación solar, la humedad y la lluvia. Aunque la contaminación del aire no es exclusiva de las ciudades, es en ellas donde se concentra con más gravedad y, por lo tanto, es en donde se dan los mayores efectos negativos para la salud.

Está comprobado que la mortalidad en ciudades con niveles altos de contaminación es mayor que la registrada en ciudades limpias. La OMS ha señalado que la atmósfera contaminada es causante de dos millones de muertes prematuras al año en todo el mundo.

Desde fines de los 80, cuando regresé a Mérida, he insistido en la necesidad de contar con una red de monitoreo de la calidad del aire en nuestra ciudad, especialmente en su centro histórico, y, en aquel entonces, en las áreas de impacto de las emisiones de la siderúrgica, que negativamente afectaban la salud de espacios como Francisco de Montejo. Más de un cuarto de siglo después creo que es inaplazable.

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