18 de Agosto de 2018

Opinión

¿Qué dividió a Estados Unidos?

La guerra entre seguidores y detractores de Donald Trump por el mensaje político que dio el musical “Hamilton” a su vicepresidente, evidencia la división entre blancos y no blancos que dejaron las elecciones en Estados Unidos.

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La guerra entre seguidores y detractores de Donald Trump por el mensaje político que dio el musical “Hamilton” a su vicepresidente, evidencia la división entre blancos y no blancos que dejaron las elecciones en Estados Unidos.

El choque es frontal. El pasado viernes 18, el vicepresidente electo, Mike Pence, el cristiano radical que más poder tendrá en la historia de ese país a partir del 20 de enero, vivió lo que el discurso xenófobo, racista y divisivo de su compañero de fórmula provocó.

Al terminar la función de “Hamilton”, el multipremiado musical de Broadway, 11 Tony’s a lo mejor del teatro y el Premio Pulitzer en Drama, entre otros, el actor Brandon Dixon, quien interpreta a Aaron Burr, el vicepresidente de Estados Unidos de 1801 a 1805, le pidió a Pence que esperara, porque el elenco quería decirle algo.

“Tenemos un mensaje para usted señor, y esperamos que nos escuche”, dijo Burr, quien tuvo que callar los abucheos al vicepresidente.

“Nosotros señor, somos la diversidad de Estados Unidos, y estamos alarmados y ansiosos de que su nueva administración no nos proteja, ni a nuestro planeta, ni a nuestros hijos, ni a nuestros padres, ni nos defienda y o defienda nuestros derechos inalienables.

Realmente esperamos que esta obra le haya inspirado a defender nuestros valores americanos y trabajar en nombre de todos nosotros”.

La protesta, insólita y de enorme beligerancia, desató una confrontación con el propio Trump. “Fue hostigamiento”, describió Trump lo que el elenco hizo con Pence, y pidió una disculpa para el vicepresidente electo por parte del elenco.

El elenco de “Hamilton”quedó sorprendido por la reacción de Trump, que con esto desató un nuevo debate en los medios y las redes sociales sobre los principios de la libertad de expresión que, con su actitud, pareció intimidar.

La polarización social avanza en ese país tras la victoria de Trump, y la derechización extrema de su próximo gobierno ha detonado acciones ciudadanas dispuestas a enfrentarla.

La sociedad política y empresarial, que siempre se acomoda para sacar mejor provecho ante cualquier eventualidad, no ha hecho nada para enfrentar las señales de radicalización que ha mandado Trump, pero en el terreno ciudadano, la situación es diferente.

Numerosas expresiones han surgido para decirle a Trump que si bien ganó la elección, su mandato es insuficiente para correr el país al extremo derecho y estimular la regresión de valores y libertades como no se había visto en generaciones.

¿Qué tanto soportará el nuevo presidente la crítica? Hasta ahora no ha sido muy tolerante a ella, y ha respondido con agresiones, descalificaciones y amenazas, pues muchos de los valores que sostienen a la democracia estadounidense son rechazados por Trump.

La pregunta es hasta dónde las instituciones y el conjunto de valores y creencias podrán frenar sus arrebatos raciales proyectados de manera superlativa una vez que este sujeto despache en la Casa Blanca.

En la primera semana después de que fue electo presidente, se reportaron en toda la geografía americana 206 incidentes antiinmigrantes, y 60 donde una suástica fue utilizada.

Hubo 80 contra homosexuales y lesbianas; 51 contra musulmanes; 36 contra mujeres y 151 contra negros.

¿Qué nos dicen esos datos? Que el odio racial no es sólo de Trump. Está inserto en la gran sociedad estadounidense que no supera el fin de la discriminación racial, ni el hecho de que la diversidad nutre.

La victoria de Trump, puso al descubierto una verdad incómoda: los blancos de todos los niveles sociales temen y resienten el ‘oscurecimiento racial’ del país, y un demagogo cuya plataforma central fue la promesa de volver el tiempo a una era anterior a la de un presidente negro, anterior al “boom” de la inmigración, anterior a los derechos civiles, tal vez incluso anterior a la emancipación de los esclavos, les atrajo de una manera que se negaban a admitir públicamente y que sí expresaron en las urnas.

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