19 de Septiembre de 2018

Opinión

Qué mal huele

En Mérida, la recolecta de basura siempre ha sido una de las problemáticas que, al parecer, nunca tiene o tendrá fin.

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La basura siempre despide fétidos olores. No hay de otra. Por ello los desperdicios se conforman de puro cuerpo biodegradable que, al comenzar su proceso de desintegración (llámese putrefacción), emiten un “perfumazo” sin igual que jamás lo crearía, por ejemplo, la famosa marca de “Gaté Miau-chabelli”.

Es por ello que en las culturas civilizadas (o más o menos), la recolecta de la basura es imprescindible para el adecuado funcionamiento de la sociedad. Cuando los desperdicios se concentran en las esquinas de las zonas habitacionales, la gente comienza a desesperarse, acuden a las autoridades y si éstas ignoran las demandas, entonces las cosas se ponen peor.

De entrada, los afectados tiran su basura en cualquier rincón. No faltan los políticos que, por hacerse de votos o de simpatías, acuden con camiones que rentan y con una buena dotación de escobas, palas y demás “chunches”, todos salen a recoger (sin albur) las porquerías regadas que, entre otras cosas, contienen la propaganda del partido político al que pertenece el vivillo aspirante a representante popular. Pero no es la solución total, sólo es parcial.

En Mérida, la recolecta de basura siempre ha sido una de las problemáticas que, al parecer, nunca tiene o tendrá fin. Los ayuntamientos que en el transcurso de los años han gobernado la capital de Yucatán, siempre se topan con pared, además de los chantajes y extorsiones que permiten las autoridades emanadas de equis partido político de parte de las empresas recolectoras de las cochinadas que se arrojan desde todo tipo de inmueble.

Pero también nunca faltan los funcionarios voraces e insensibles que, con tal de ganarse tajadotas de billetes, otorgan los subsidios a diversas compañías que -ellos mismos saben- no podrán cumplir con su labor de limpiar de desperdicios los miles de sitios encomendados. Así sucedió, ahora, con la empresa Pamplona.

Con la entrada del nuevo ayuntamiento, presidido por el panista Mauricio Vila Dosal, Pamplona se quiso pasar de viva y hasta retó al nuevo alcalde meridano. Claro, era de esperarse esa actitud de los socios de dicha empresa porque así lo habían hecho por años. Sólo mencionemos las dos últimas administraciones de Mérida: de la priista Angélica Araujo y del panucho Renán Barrera. Pamplona se pasó por el “arco del triunfo” las quejas y, por si fuera poco, recibió toda su lana del subsidio que suelta la administración municipal.

PRIMERA CAIDA.- Pocos no sabrán que Mauricio Vila y sus colaboradores le pusieron un ultimátum a los “pamplones” y de los 68 mil y pico de predios que estos amos de la “inbasura” laboraban, pues tuvieron que desprenderse de 29 mil. O sea, menos ganancia, aunque el mal servicio continuará. Eso pueden apostarlo, estimados lectores(as).

SEGUNDA CAIDA.- Sin embargo, lo interesante es que por primera ocasión que se recuerde, en varios años, una gestión municipal le pone el cascabel a la basura de servicio que es Pamplona.

TERCERA CAIDA.- Pamplona con toda su corrupción y mal servicio quedará fuera de la jugada. Es cuestión de tiempo.

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