Qué no sabes quién soy, pen... ¡buen provecho!

Nadie, por arrebato o berrinche, podrá usar recursos de una institución para tomar revancha.

|

El desenlace que el Gobierno federal le dio ayer al asunto #LadyProfeco-Benítez Treviño fue ejemplar.

Los hechos por todos conocidos de Andrea Benítez en el restaurante Maximo Bistrot ocurrieron el viernes 26 de abril y alcanzaron gran resonancia en medios y redes sociales a partir del lunes 29.

El jueves 9 de mayo, previa investigación de la Secretaría de la Función Pública y la suspensión de cuatro funcionarios de la Profeco, el procurador Humberto Benítez Treviño salió a tratar de explicar y ordenar las cosas, y a afirmar que no había motivos para renunciar.

Pero ayer, miércoles 15, el secretario de Gobernación en persona anunció su cese. Dijo Miguel Ángel Osorio Chong que, a pesar de un “amplio y profesional trayecto”, Benítez Treviño no podía seguir en el cargo porque el episodio de #LadyProfeco había dañado la imagen y prestigio de una institución tan dependiente de la confianza del ciudadano.

Y agregó que, con esta decisión, el presidente Peña Nieto mandaba la señal de que todo funcionario público estaba obligado a “desempeñarse con ético y absoluto profesionalismo”.

¡Pum! No había que quitar ni agregar una palabra para dejar claro que nadie, por arrebato o berrinche, podrá usar recursos de una institución para tomar revancha, venganza o dar un escarmiento.

Que se cumpla o no la máxima está por verse. Pero los cambios culturales se van moldeando, entre muchas otras cosas, con capítulos memorables. La chilanguísima, mexicanísima cultura del ¡qué no sabes quién soy, pendejo! recibió ayer un golpe seco en el plexo solar.

Golpe bien cocinado, bien presentado. Buen provecho, pues.