21 de Septiembre de 2018

Opinión

¡Qué pase la desgraciada!

Lo único que quería Laura de América era mostrar —frente a las cámaras, claro— su capacidad de sacrificio frente a los dolores del pueblo.

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Mucha crispación alrededor del extraño caso de Laura Bozzo, distinguida intelectual y culta dama, conocida por el trato sensible y humanitario que tiene con los más desposeídos, cuyo único pecado es haberle pedido prestado un helicóptero al gobierno del Estado de México para hacer su gustado programa, siempre artístico, en las inmediaciones de la tragedia en Guerrero.

O sea, no crean que el artefacto fue de gratis, no; la señorita de los carritos sangüicheros tuvo que hacer un gran acto de sacrificio, es decir, aprenderse de memoria el segundo informe de gobierno de don Eruviel Ávila, cual si fuera una escolapia del Edomex cuyas tareas escolares consistieron en adentrarse en tan conmovedora obra literaria.

De veras que no sería mala idea que la misión fuera extendida a todas las entidades, pues después de su comprensión ya no habría ninguna necesidad de que regresen los maestros a dar clases. 

Sobre todo antes de que salga la Gordillo, porque ahí sí dicen que va a regresar como Scarface y no va a quedar piedra sobre piedra, para que no anden propagando que apoya a la CNTE. Si fuera así, las marchas serían en Hummers.

Como sea, Laura de América es una incomprendida. Ella lo único que quería era mostrar —frente a las cámaras, claro— su capacidad de sacrificio frente a los dolores del pueblo. Y así le corresponden toda esa bola de malagradecidos, sobre todo ese alcalde de Coyuca de Benítez, que creía que tan delicada representante de la inteligencia nacional le iba a prestar el helicóptero para apoyar a los necesitados, o sea, cuando lo que importaba es que la diva se mostrara en todo su esplendor.

Están como aquellos que se han decepcionado porque no fue cierto que Luis Miguel, hijo pródigo de Kafkapulco, mandara dos aviones repletos de ayuda. O sea, él tiene cosas más importantes que hacer como cobrar fortunas por los spots donde exalta la belleza del puerto, escapar de los cobradores de la pensión de sus hijos o comportarse como La Bikina. Ni modo que se muestre solidario con personas que ni son de su familia. 

Lo único padre de todo este escándalo es que la conductora no solo haya demostrado sin ningún histrionismo que lleva a México en la hiel, además de su fe nada populista en la Reina del Tepeyac, sino que haya retado a Carmen Aristegui a unas luchas en lodo en Coyuca. Aunque la verdad no está a su altura; ella tendría que haber retado a Canelo y, ya encarrerados, a Mayweather. 

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