11 de Diciembre de 2017

Opinión

'Que el pueblo me lo demande'

Nunca vimos a la primera dama, al dirigirse a los mexicanos, solidarizarse con el dolor y el sufrimiento de las familias lastimadas. Se muestra ofendida por los legítimos cuestionamientos, mientras el país entero clama a gritos justicia.

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La horrenda masacre de Ayotzinapa ha desencadenado legítimas reacciones de indignación de millones de mexicanos, acrecentada por desafortunados eventos protagonizados por la pareja presidencial. Ante el dolor de las familias de los jóvenes brutalmente asesinados y el luto solidario de millones de ciudadanos, la falta de sensibilidad y la evidente frivolidad de quien dirige los destinos del país y su señora esposa han agraviado el corazón y el espíritu nacional, lastimando lo más profundo de nuestro ser y nuestro sentir.

Mientras el dolor, el miedo y la incertidumbre abrumaban al país, el señor presidente de México presumía ante el mundo sus reformas legales y su Plan Nacional de Infraestructura, acompañado de su señora esposa, quien, según se supo, llevaba con ella a su estilista personal.

Todos escuchamos a la primera dama dirigirse al pueblo de México a través de los medios de comunicación, defender, en tono de regaño, su derecho a disfrutar de su mansión de 88 millones y su indignación ante el cuestionamiento público sobre el origen de los recursos invertidos en la tan mencionada residencia y, desde luego, la férrea defensa de la honorabilidad de su familia.

Pero nunca la vimos solidarizarse con el dolor y el sufrimiento de las familias lastimadas. Ella se muestra ofendida por los legítimos cuestionamientos, mientras el país entero clama a gritos justicia.

Nadie quiere que el primer mandatario descuide sus labores, nadie niega los derechos de su familia, pero todos exigimos un presidente que se baje de su nube y su farándula para atender los graves problemas que el país está enfrentado y la inestabilidad que hoy priva en  la nación.

Que la vanidad y la frivolidad nunca más estén por encima del compromiso que adquirió con el pueblo al asumir el cargo y protestar que, de no cumplir, el pueblo se lo demande.

La indignación nacional se ha hecho evidente con protestas no sólo en México sino en varios países del mundo. La falta de sensibilidad de la pareja presidencial tiene agraviado al país entero a tal grado de que miles de voces piden su renuncia. Señor presidente, hoy el pueblo se lo demanda.

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