19 de Septiembre de 2018

Opinión

Que se embarren de realidad

No está mal saber qué piensan los que piensan, pero no he visto a muchos de esos aconsejadores profesionales hacer otra cosa que no sea hablar.

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La costumbre de las televisoras nacionales, sean de transmisión abierta o cerrada, de llamar a analistas, a los que se supone expertos en los temas que se abordan, está cobrando un auge exagerado. 

Todas tienen a sus examinadores de la realidad adscritos y cada que pasa algo que piensan debe ser escrutado, diseccionado y escarbado por los expertos, los hacen comparecer o montan una de esas que llaman mesas panel, en las cuales aquellos sesudos desmenuzan el suceso, opinan, aconsejan y luego se van a sus casas tranquilos y contentos de haber aportado soluciones al problema nacional. Y eso lo hacen desde las grandes cadenas nacionales hasta las de audiencias muy restringidas, como los canales Judicial y Del Congreso, o las culturales como el Canal 22, TV Unam, etc., pero pocas remojan su pensamiento en el mundo real, todo lo resuelven –con un discurso muy bien elaborado e inteligente- en el plano de lo virtual.

Insisto, no está mal –es aconsejable incluso- oír opiniones de los doctos, saber qué piensan los que piensan, pero no he visto a muchos de esos aconsejadores profesionales hacer otra cosa que no sea hablar. Yo creo que, desde los altos sitiales del intelecto, es relativamente fácil montar una opinión enterada, adoptar el aire doctoral de los académicos, señalar con verbo punzante dónde está el problema –generalmente en alguna instancia oficial- y proponer  la solución. 

Lo que cae mal, al menos a mí, es que muchos de esos modernos augures, de esos bienpensantes, dictaminan desde altos sitiales sobre realidades que, a no ser por las estadísticas, poco conocen. Ignoran la tragedia cotidiana del hombre y la mujer que se tienen que sobar el lomo para llevar el pan a la mesa y darles educación a sus hijos, de quienes deben empeñar hasta la dignidad para sobrevivir; en fin, de un México que late y se muere debajo de ellos. Son parte de la élite de mandones que ellos critican con tanta dureza. Son privilegiados a los que una buena dosis de realidad les hace falta.

¡Vivan las mujeres, sobre todo las cercanas al corazón! 

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