22 de Octubre de 2018

Opinión

Queremos, pero no Podemos

La realidad política de México ha llevado a muchos ciudadanos, especialmente los que tienen acceso a las redes sociales...

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La realidad política de México ha llevado a muchos ciudadanos, especialmente los que tienen acceso a las redes sociales, a ver en Podemos, el avasallador movimiento español, una respuesta a las desgastadas figuras de la administración pública. Dejando fuera el debate sobre la veracidad de esa plataforma, considero que, por lo menos en este momento, los mexicanos estamos muy lejos de Podemos.  

En las redes sociales, campo de acción política –la verdadera, no partidista-, por excelencia, el debate es intenso, contestario y real, pero adolece de la falta de confianza hacia cualquiera que “despunte” o logre un objetivo personal, cumpliendo a pie juntillas el viejo dicho “el que se mueve no sale en la foto”. La creencia generalizada entre los mexicanos de que quien se encumbra lo logra a través de manejos turbios, también permea en la web, alejándonos de la certidumbre necesaria no para seguir ciegamente a un líder, sino para elegir a una cabeza visible o vocero de un movimiento ciudadano. 

Una característica inherente a los usuarios de internet es la falta de autocrítica y reflexión, pues bien es sabido que el “tweetea” primero se gana el “trend topic”, aunque lo que haya escrito sea falso, eso sí, sin reconocerlo tan abiertamente cómo sí lo hace para adjudicarse la paternidad de una tendencia. Esas dos características son, tal vez, el principal defecto político de las redes sociales mexicanas, el lastre que les impide pasar exitosamente de lo virtual y perdurar en el mundo real: acostumbrados a ser los amos y señores de la verdad “online”, toparse con puntos de vista que no puede controlar desde un teléfono inteligente, los aleja de la prudencia, y los arroja en la reconocida arrogancia achacada a los “twitteros”. 

Esta posición egoísta sobre lo que es la realidad política, resquebraja la supuesta unidad de las redes. Fuera de línea, la sociedad y medios tradicionales acepta sin cortapisas la expresión “En Twitter se dice…”, una simple falacia, pues no existe una mente colectiva, sólo un entarimado de posiciones paralelas que, aunque vayan por un camino similar, no buscan el mismo objetivo. En España, Podemos también enfrenta hoy en día amagos de disidencia y discordancia contra la línea de su líder nacional, Pablo Iglesias, situaciones que por el momento no restan popularidad al movimiento, pero que ejemplifican que por más que se haya iniciado con una misma idea, al final, las diferencias ideológicas surgirán y cuartearán la armonía. En México no existe ni un punto en común por el cual iniciar. 

 Un punto interesante en el juego político en internet es su “popularidad”. Los noticieros y el común de los ciudadanos se asombran por la rapidez con que un hecho social se convierte en tendencia. Cierto, para que esto suceda tuvo que ocurrir algo trascendental y aglutinador de conciencias en la vida real, sin embargo, analizando la miríada de “tweets” que alimentan esta situación, descubrimos que la mayoría pertenecen al llamado “tren del mame”: sólo están ahí por ser populares y ya; no hay conciencia sobre lo que sucede, sus antecedentes o consecuencias, pues el usuario únicamente “tweeteo” para “salir en la foto”. Así, no podemos tomar en serio un movimiento. 

Un buen ejemplo del “fracaso” político de las redes sociales lo encontramos en el caso de @AntonioAttolini, ex “vocero” del movimiento #YoSoy132, quien después de ganar notoriedad en él, paso sin pena ni gloria como ponente en un programa de televisión, y recientemente, fue rechazado de la lista de plurinominales del Partido de la Revolución Democrática. 

Este devenir pone en evidencia los yerros de las redes sociales mexicanas en su contexto político: el joven, independientemente de lo que pensemos de sus acciones, encontró en el movimiento internetero una oportunidad para llevar a cabo sus planes de apertura política, perdiendo con ello la confianza del colectivo que lo “encumbró”; se volvió, si no intolerante, sí ajeno a las críticas con tal de seguir el camino que se trazó, a costa de perder credibilidad dentro y fuera de línea. Por último, la participación de Attolini en un programa de Televisa rompió –más de la cuenta- la unidad que hasta esos días representaba #YoSoy132 y demostró que la gran mayoría de quienes afirmaron en su momento apoyar “hasta el final” al movimiento, sólo estuvieron en él mientras fue “la onda”. 

Así, sin una plataforma con propuestas reales, no contestaria sino propositiva; y bajo el ambiente de desconfianza y sinrazón que cunde en la comunidad de las redes sociales mexicanas, No Podemos esperar que de ellas emerja un movimiento que ponga fin a la “tiraría” de los partidos políticos. ¿O cree que sí Podemos? 

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