24 de Septiembre de 2018

Opinión

Ramírez 101

Al llegar a la exposición “Los Colores y Las Líneas” de Gabriel Ramírez, sonreí...

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Pintar significa divertirse seriamente.- Gabriel Ramírez

Caminando por las calles y reflexionando sobre el estado de salud de las artes visuales en Yucatán, no pude evitar contrastar a las nuevas generaciones de artistas, cuyas propuestas muchas veces polémicas y en plena confrontación con la tradición mediante el uso de nuevos soportes, conceptualizaciones y expresiones diferentes, no se corresponden con aquellas que, de alguna manera, están inscritas dentro del gusto consensuado de lo que es el arte.

Al llegar a la exposición “Los Colores y Las Líneas” de Gabriel Ramírez, sonreí al pensar en la ironía de que un protagonista de la llamada “Generación de la ruptura” pueda ser hoy día etiquetado como parte del canon o, incluso, dentro de la academia, sin importar que la principal impronta de su arte sea la abstracción pictórica, aunque -como él mismo diría-, siempre se esconde algo figurativo dentro de sus composiciones.

Deliberadamente evadiendo a las multitudes que suelen acudir a las inauguraciones, llegué el 8 de octubre a la Galería del Teatro Peón Contreras cuando el brindis ya menguaba -a la par de los asistentes-, con el fin de poder apreciar a mis anchas lo más reciente de su producción artística, que por demás exige aislamiento social y un estado sosegado de contemplación en busca de algo que, a falta de una mejor palabra, es indefinible.

En un primer golpe de vista los fondos y los colores eran típicamente Ramírez, con profusión de amarillos, rojos, azules y verdes conviviendo armónicamente sobre el lienzo, aunque uno pudiera pensar que tal gama de tonalidades estaría en franca pugna, lo cual no es el caso, ya que Gabriel con los años ha alcanzado mucho control en sus manchones y pinceladas, conocedor de lo que está en juego al hacer uso de dicha paleta, que no deja de ser arriesgada, incluso hoy día.

Aún así, en la última sala un par de piezas me sorprendieron por lo propositivo y libre del dripping paint (o chorreado), cuyas formas corrieron sin tanta mesura encima de los fondos y demás formas del lienzo, donde se intuye un espíritu lúdico sin fronteras de ningún tipo. Un ejemplo de ello es “El sendero de las ranas” (2013), cuyos brochazos se notan más sucios, agrestes, sin que esto signifique descuido alguno. 

Mención aparte merece la magnífica curaduría de José Luis Rodríguez de Armas, con enormes fotografías del autor y de su estudio, cuyas frases llenaron algunas paredes de la galería, lo que da cuenta de una investigación acuciosa previa al montaje. Lamentablemente, antes de siquiera cumplir un mes la muestra ha sido retirada. Si usted no la pudo ver puede preguntarle al arbitrario Gobierno del Estado el porqué de esta absurda decisión.

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