17 de Noviembre de 2018

Opinión

Recordando emociones

El año 2012 es el de la primera edición de La emoción de las cosas, obra que la autora dedica a sus hermanos, y con la que expresa su agradecimiento a sus blogueros.

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En la Puebla de 1949 nació Ángeles Mastretta, periodista de profesión, y escritora desde el año de 1985, cuando publicó su primera novela Arráncame la vida, obra premiada, llevada al cine, y traducida a quince idiomas.

El año 2012 es el de la primera edición de La emoción de las cosas, obra que la autora dedica a sus hermanos, y con la que expresa su agradecimiento a sus blogueros.

En el texto que aparece en la contraportada se nos dice que el libro es hermosamente sabio; a través de él podemos contemplar la búsqueda de los orígenes de la autora, cuyas huellas se encuentran entre Italia y México.

Ángeles construye una novela personal a partir de la cual reflexiona en torno a sí misma, a las ciudades en las que ha vivido, a la dualidad naturaleza y tecnología que rodea nuestros días contemporáneos y posmodernos, y a la propia creación literaria.

¿Cómo es la portada? Hay en ella una fotografía, de esas coloreadas que se estilaban en los años cincuenta del pasado siglo XX; fotografía en la que aparecen dos niñas, vestidas de blanco, con una canasta de flores cada una; están colocadas espalda contra espalda, y miran fijamente hacia la cámara que las retrata, llegando su mirada hasta nosotros, que las vemos sin ellas mirarnos.

Siempre he creído que los objetos se contagian de nosotros mismos, principalmente los que más tiempo han convivido con nosotros, o los que nos son más queridos por infinidad de razones. Así que el título del libro ha sido muy seductor para mí, una invitación a leer acerca de la emoción que las cosas pueden generarnos y transmitirnos, una invitación para cruzar el umbral que conecta lo objetivo con su particular subjetividad.

¿Hay algún epígrafe que introduzca el texto? Sí, un verso de Antonio Machado, en el que nos dice: “Solo recuerdo la emoción de las cosas”. Para recordar es preciso que algo haya tenido lugar. Demos lugar, al acto de leer, para luego, poder recordar.

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