16 de Julio de 2018

Opinión

Recuerdos

Mi abuela decía que de niña el tiempo no transcurría tan rápido y no existían tantas preocupaciones. La mayoría de la gente trabajaba en el campo, y todo lo que se producía era para consumo propio.

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Cuando era pequeño y mi abuela nos visitaba, casi siempre se quedaba a dormir en mi cuarto. Caía la noche y colgaba nuestras hamacas, apagaba la luz y entonces me contaba sobre cómo era la vida de antes. Decía que de niña el tiempo no era tan rápido y no existían tantas preocupaciones. La mayoría de la gente trabajaba en el campo, y todo lo que se producía era para consumo propio. Todos los días, los hombres salían de casa muy de madrugada. Recorrían kilómetros de caminos que hoy son carreteras, pero que en ese entonces sólo eran veredas en medio del monte, por lo que existía cierto peligro de toparse con algún animal.

A pesar de eso los campesinos caminaban con mucha confianza, ya que conocían bien sus tierras y sus tierras los conocían a ellos. Antes de que el sol saliera, los hombres ya trabajaban en sus milpas. En ellas construían pequeñas chozas de madera y huano, que usaban como bodegas para guardar toda la cosecha: calabazas, mazorcas, frijoles, chile, espelón, sandías y otros alimentos que consumían por largas temporadas. A eso le atribuye mi abuela que la gente de antes viviera muchos años. Dice que todos sus abuelitos rebasaron el centenario, y eso se debe a la alimentación y a que trabajaban mucho.

A veces los campesinos iban a las milpas con sus hijos, y también andaban con sus perros que los protegían de cualquier peligro. Mi abuela dice que los niños ayudaban con la cosecha, desgranaban las mazorcas o cargaban en sus espaldas tercios de leña que a las mamás les servía para cocinar. Ellas sabían preparar bebidas como el pozole o el atole. También cocinaban deliciosos platos como pucheros, pimitos, salbutes, tamales o frijoles con manteca.

La familia comía junta y luego pasaban el resto de la tarde jugando o haciendo los quehaceres de la casa.  Al final, cuando caía la noche se acostaban en sus hamacas y platicaban hasta quedar dormidos.

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