20 de Octubre de 2018

Opinión

Recuerdos

Mauricio Vila aseguró que se va a reducir el sueldo y va a declinar ciertos privilegios, como el pago de celular, de coche oficial y de seguro de gastos médicos mayores.

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Muy pocas veces he visto a alguien tan triste por dejar un puesto, como lo estaba Renán Barrera al dejar la Alcaldía de Mérida. Se despidió de todos y traía una cara de melancolía que no podía pasar desapercibida. Sin duda, él no podrá olvidar estos tres años, pero seguramente a la gente se le olvidará en cosa de unos días.

Por si fuera poco, Mauricio Vila todavía ni era alcalde y ya había reorganizado el organigrama del Ayuntamiento para un mejor rendimiento de los recursos. Llegó con un mensaje directo: él no necesita el dinero, por eso va a disminuir la burocracia, que creció muchísimo, se va a reducir el sueldo y va a declinar ciertos privilegios, como el pago de celular, de coche oficial y de seguro de gastos médicos mayores.  

Y permítame hacer un paréntesis para decir que eso de donar sus sueldos ya es más una moda que una acción altruista. Y a menos que sean empresarios conocidos con negocios reconocidos en los que todos sabemos que les va muy bien, el acto de decir que van a donar sus sueldos es como decirle a la gente que la política les ha dejado tanto dinero, que se pueden dar el lujo de regalarnos su sueldo a los pobres, porque a ellos les representa una nimiedad. 

La realidad es que nadie tendría por qué renunciar a sus sueldos, porque para eso trabajan y todos trabajamos por dinero. Los filántropos no andan publicando sus donaciones en todos los medios, simplemente hacen las donaciones y ya, porque así son, porque no quieren reconocimiento ni que la gente diga que son muy buenos. Dicen que el dinero no compra la clase, yo agregaría que tampoco compra la filantropía ni la bondad. El oficio político está tan devaluado, que ahora tienen que decirnos que son buenos para que nos demos cuenta de que lo son.

Regresando al tema, Renán Barrera nunca nos dijo que era bueno. Lo que nos dijo y demostró es que tenía una tendencia clara a rechazar todo lo que tuviera que ver con su antecesora, Angélica Araujo. 

Alguien me dijo una vez que la política se trata de tomar decisiones y esperar que sean las mejores. Sí, tiene razón, pero no es nada más decidir a lo tarugo. Se tiene que estudiar, analizar, anticiparse a los resultados y plantear todos los escenarios que se puedan presentar y, hasta después, decidir. 

La administración de Renán Barrera se caracterizó por el conflicto de las luminarias y eso será lo que la gente recuerde. El tema que tanto usó para descalificar a Angélica Araujo, también lo estigmatizó; tomó una decisión poco acertada y su administración quedó gris, sin mucho que recordar.

Ojalá sirva de ejemplo para los que están entrando. Tienen que preguntarse cómo es que quieren que los recuerde la gente y a partir de ahí plantear su estrategia. Estamos ante una nueva oportunidad, no la desaprovechen.

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