19 de Octubre de 2018

Opinión

Reforma madre

Todas las iniciativas de reformas han chocado contra los intereses de quienes quisieran que las cosas sigan igual.

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Ha sido intención del presidente de la república, desde el inicio de su mandato, renovar a la sociedad mexicana y ha pretendido hacerlo a través de varias iniciativas de reformas que ha enviado al poder Legislativo, sorprendiendo por el número de éstas en tan poco tiempo y que hasta el momento ninguna se haya  aprobado a pesar del pacto con los partidos de oposición.

En una ocasión le comentaba a un buen amigo el deplorable rendimiento de nuestros políticos, aunque eran de los mejor pagados del mundo, y él me dijo que todos los políticos del mundo sólo llegan al poder por dos razones: para abusar de ese poder y para llevarse todo lo que puedan, sólo que la diferencia radicaba en las sociedades que gobernaban, pues éstas son finalmente las que vigilan y acotan el quehacer de sus representantes, por lo que  el político representa la moral de su sociedad.

En algunos países  de Europa los legisladores, que por cierto no son tantos ni mucho menos tienen plurinominales, viven en un solo edificio donde tienen su comedor, su lavandería y demás  servicios, evitando así el enorme pago de sus viáticos, y desde luego pueden ser reelegidos cuando su desempeño ha sido destacado. 

Todas las iniciativas de reformas han chocado contra los intereses de quienes quisieran que las cosas sigan igual, aunque la mayoría de los mexicanos sigan esperanzados en el cambio y es que justamente los que se ven afectados en alguna ocasión han sido socios o cómplices del gobierno en turno, sintiéndose con el derecho de conservar sus privilegios a costa del de las mayorías. 

Los maestros por ejemplo, siempre han sido utilizados, por su número y estructura organizativa, en las elecciones, incluso se les permitió tener su propio partido y el manejo de otras dependencias del gobierno, y como actualmente no se sabe oficialmente cuántos maestros están “dobleteando” o “multipleteanado” salarios en el gobierno, mucho menos van a permitir que a estas alturas una reforma educativa–laboral les limite o se les suspendan sus abusivos privilegios,  que con el tiempo fueron consiguiendo.

La hacendaria ha chocado con los grandes intereses económicos que no quieren pagar sus impuestos, porque creen que por haber contribuido con las  campañas políticas, están exentos de esa obligación y por eso los contribuyentes cautivos serán los que carguen con los enormes gastos de los que el gobierno no rinde cuentas; la energética y la política están por el mismo camino.

Si realmente se quiere cambiar al país, se debería empezar con la reforma anticorrupción, dejar bien claro hasta dónde se les permite a los gobernantes actuar, vigilarlos a través de una escrupulosa rendición de cuentas, con una instancia autónoma y eficaz que investigue y sancione la corrupción para evitar la impunidad; si no contamos con esta reforma madre, las otras sólo serán  buenas intenciones.

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